agosto 10, 2022

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Libertad

José Osvaldo Casique Ayala, Abogado y Licdo. en Educación mención Cs. Sociales, Magíster en Matrimonio y Familia, columnista invitado.

Libertad es una palabra cuyo contenido todos los seres humanos pensamos y ejercemos a lo largo de nuestra vida, es esa posibilidad que como seres únicos tenemos de decidir nuestros actos, sea por acción u omisión, de no ser constreñidos u obligados hacer algo, de tener la capacidad de hacer algo conforme a nuestro discernimiento, claro todo dentro del entendido de que la libertad es la posibilidad de ejercer mis derechos en tanto no afecte los derechos de los demás. Sin embargo, desde el mismo momento de nuestro nacimiento, cuando dejamos el agradable ambiente del claustro materno, el cual nos abrigó durante la gestación, ya cuestionamos lo relativo al valor libertad, lo que ocurre porque ya fuera del claustro materno aún seguimos unidos a la madre a través del cordón umbilical hasta que se lleve a cabo el respectivo corte, y podamos respirar y tener una autonomía relativa, así y todo seguimos dependiendo de la protección materna, quien nos alimentará y cuidara en nuestros primeros años. Pero es que aún antes del nacimiento, los seres humanos en gestación por razones obvias no tienen el poder de decidir sobre si nacerán o no, es decisión que corresponderá a la madre gestante.

Así como el individuo desde el momento de la concepción y luego del nacimiento tiene un vínculo con la madre, también la sociedad conformada por individuos tiene un vínculo con el Estado, el cual el mismo creó y forma parte como población, siendo otro elemento existencial además del territorio y el poder. Es ese Estado al cual las personas someten su libertad desde que nacen a través de un ordenamiento jurídico que conocemos como Derecho; así Colombia y Venezuela en los Preámbulos de sus respectivas Constituciones tienen en su texto el valor Libertad, además nos indican en sus primeros artículos las formas de Estado que se dan, así tenemos

La Constitución Política de Colombia del año 1991, señala:

Artículo 1. Colombia es un Estado social de derecho, organizado en forma de República unitaria, descentralizada, con autonomía de sus entidades territoriales, democrática, participativa y pluralista, fundada en el respeto de la dignidad humana, en el trabajo y la solidaridad de las personas que la integran y en la prevalencia del interés general.

La Constitución de la República Bolivariana de Venezuela del año 1999, señala:

Artículo 2. Venezuela se constituye en un Estado democrático y social de Derecho y de Justicia, que propugna como valores superiores de su ordenamiento jurídico y de su actuación, la vida, la libertad, la justicia, la igualdad, la solidaridad, la democracia, la responsabilidad social y, en general, la preeminencia de los derechos humanos, la ética y el pluralismo político.

Ahora bien, en lo que respecta a Venezuela, ese vínculo ideal establecido de la sociedad con esa forma de Estado es letra muerta, pues el régimen a conculcado todas las libertades que debe tener un ser humano en ese llamado Estado democrático y social de Derecho y de Justicia, y bajo el actual régimen déspota éste tiene secuestrada a su antojo a toda una población en tanto otros han huido, se han separado familias, se han abandonado propiedades y sobre todo destrozado ilusiones de millones de personas. El régimen déspota que dice representar al Estado venezolano carece de legitimidad, se soporta en el fraude sistemático electoral y el poder de las armas, en un primer momento el pueblo le dio la aprobación a través del voto para que gobernara, y hoy en día se ha perpetuado en el poder haciendo alianzas con grupos terroristas y narcotraficantes que hacen y han hecho vida en la República de Colombia, y quienes sin la mínima vergüenza reconocen sus crímenes de lesa humanidad – crímenes estos imprescriptibles – como la FARC que siguen haciendo vida insurgente en Colombia y ahora en Venezuela – el ELN o el clan del golfo, y en Venezuela el conocido Cartel de los Soles que se dedica a todo tipo de actividad ilícita, especialmente drogas, y está conformado por altos jerarcas del régimen.

Es así como no puede haber un vínculo real de identidad entre un oprobioso régimen y una población heredera de glorias independentistas como ha sido Venezuela, que dio la vida de muchos de sus hijos para liberar a otros países sometidos otrora tiempo por el Reino español.

Hoy día vemos con dolor como los tiranos que subyugan a Venezuela, exportan su perversa “revolución” a países con fortalecidas democracias como Colombia, que superó la guerra de independencia y ha resistido también la guerra de guerrillas. El gran pueblo colombiano debe estar atento, unido y firme ante tal pretensión y decidir su destino lejos de fantoches que se disfrazan de “mesías” ofreciendo formulas populistas que llevan al fracaso naciones que eran prosperas como ocurrió en la hermana República de Venezuela.

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