agosto 10, 2022

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Colombia ama a Venezuela (2)

Por: José Osvaldo Casique Ayala, Abogado y Licdo. En Educación mención Cs. Sociales, Magíster en Matrimonio y Familia, columnista invitado.

A finales del año 2019 el mundo fue informado sobre una nueva enfermedad corona virus (COVID-19) convirtiéndose a la postre en pandemia, siendo reportada inicialmente en la ciudad de Wuhan, en China, expandiéndose posteriormente a todos los continentes del globo terráqueo como Asia, Europa, América, África y Oceanía. Enfermedad esta que no distingue raza, grupo etario, sexo o condición social, afecta a todos por igual, multiplicándose cada día los enfermos, lo cual es un hecho público y notorio. Los gobiernos del mundo han asumido diferentes actitudes ante la situación. Una de las características que indican la gravedad de esta enfermedad es la letalidad que puede causar en los adultos mayores con enfermedades preexistentes.

El Presidente de la República en su carácter de Jefe de Estado y atendiendo a la norma consagrada en el artículo 215 de la Constitución Política de Colombia de 1991 referida al Estado de emergencia económica y social, facultad presidencial que debe ser refrendada por el Congreso de la República y la Corte Constitucional, y en aras de salvaguardar los derechos fundamentales de los habitantes del territorio nacional ante la pandemia corona virus (COVID-19) como el derecho a la vida y a la salud de la población, hizo uso de lo dispuesto en dicho norma y se vio obligado a limitar algunos derechos fundamentales sin desconocerlos, así la familia también se vio afectada en su desenvolvimiento normal.

La pandemia corona virus (COVID-19) cambio la vida de los habitantes de Colombia, afectó su normal desenvolvimiento, hizo que se valorara más la salud y por ende la vida. Se cerraron empleos, pero se crearon nuevas empresas. No se acudió presencialmente a las instituciones educativas, pero de manera diligente la población habida de conocimiento atendió el llamado a clases a través de la virtualidad, así fuimos observando al pasar el tiempo que se buscaron alternativas como mayor despliegue de internet en sitios donde antes no llegaba. El Estado a través de ayudas económicas, auxilió a familias de escasos o ningún recurso económico. Se puso de manifiesto la resiliencia de la población colombiana.

Entonces, la familia tuvo más tiempo para compartir con sus integrantes, de colaborar con los quehaceres propios del hogar y con las labores que regularmente se hacen fuera de él, como son trabajo y estudio. Se ejecutaron y ejecutan medidas profilácticas como la vacunación contra el virus (COVID-19) a los habitantes del territorio nacional sin discriminar origen o condición social.

Sin embargo, no todo es positivo, ha aumentado la violencia intrafamiliar y entre sus causas pudiera estar el desempleo y la permanencia de la mayoría de miembros del grupo familiar en los hogares, se debe tener en cuenta que las viviendas han sido construidas para que las familias permanezcan allí lo necesario, a saber horas de descanso nocturno, departir la alimentación y compartir, pero no para que se convirtieran necesariamente en centros de estudio y de trabajo, menos de deporte y recreación. Pudiera ser esta la oportunidad para que a futuro los arquitectos, ingenieros y urbanistas tengan en cuenta esta situación COVID-19 u otras variables que pudieran aparecer y que sorprendió a la humanidad, así vemos hogares resquebrajados que no soportaron el stress causado consecuencia de la pandemia.

Mientras eso ocurría en Colombia, qué pasaba en Venezuela su país hermano, allá el régimen que detenta el poder y quien considera tener una patente especial en este mundo interconectado, no tiene un mínimum de respeto a los derechos humanos de los venezolanos, no hay vacunas que lleguen a la mayoría de la población, solo hay para los llamados “enchufados”, y las medidas que toma el gobierno inhumano ante la gravedad de los acontecimientos es dejar a la población infantil, niños y adolescentes, así como a los jóvenes sin actividad educativa; se cierran escuelas y universidades, empresas (comercio), organismos públicos; el régimen aprovecha el efecto pandemia (COVID-19) para continuar subyugando al ya humillado y esclavizado pueblo venezolano, y su medida extrema es fijar una semana de actividades regulares y la semana que sigue todo se mantiene cerrado salvo algunas excepciones, violándose derechos humanos como el libre tránsito, el derecho a la educación, el derecho a la propiedad privada, el libre comercio, como si se pudiera negociar con la pandemia y decirle “anda (COVID-19) ve y descansa esta semana para que la población salga a la calle”. Por ello Colombia acuérdate del refrán “Cuando veas las barbas de tu vecino arder pon las tuyas en remojo”.

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