noviembre 26, 2020

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Colombia un peligro para los líderes sociales

Por: Germán Guzmán Arias, columnista invitado

Antes de la firma de los acuerdos de paz con las AUC y con las FARC EP, se asumían las zonas rojas como las más peligrosas del país, las cuales eran conocidas así, por ser los territorios con influencia directa de estas organizaciones criminales y del narcotráfico; paradójicamente después de los acuerdos de paz, a raíz de la incapacidad del Estado Colombiano para ocupar el vacío de poder dejado por estas organizaciones, todo el territorio colombiano se ha convertido en una zona riesgosa, especialmente para los líderes sociales y defensores de derechos humanos, ya que en Colombia después de los acuerdos de paz, casi a diario se asesina a un líder social. Según lo planteado por el cineasta Oliver Stone, «parece una paradoja que una nación que logra poner fin a más de medio siglo de guerra se vuelva más peligrosa para sus ciudadanos…»

Ante está oleada de crímenes selectivos, es evidente que nos encontramos en el país más riesgoso para los líderes sociales y defensores de derechos humanos y le agregaría para los sindicalistas, para los periodistas, para los magistrados, para la oposición, para los campesinos, para los indígenas, para las negritudes, para las mujeres, para los jóvenes y podríamos seguir con los interminables paras, que desnudan la cruda realidad de nuestro país. Lo que nadie entiende aún, ni en Colombia y me atrevería a decir sin riesgo a equivocarme, que en ningún país del mundo, es por qué razón nuestros gobernantes y quienes se alinean a estos no de manera incondicional, asumen como si todo marchara sobre ruedas y hasta se jactan en sus intervenciones públicas de su honorabilidad y desempeño, proclamando a los cuatro vientos que somos la democracia más perfecta.

Basta para desvirtuar estas supuestas maravillas, qué hagamos un breve recuento de los crímenes, masacres, despojos y los abominables hechos de corrupción a lo largo y ancho del país.

Lo que nos pone a reflexionar si en Colombia contamos con una sociedad masoquista, con una sociedad permisiva y que cohonesta con las malas prácticas políticas, o con una sociedad sometida a la corrupción y aterrorizada ante un poder dominante que se ampara en el fenómeno de la ilegalidad y de las fuerzas oscuras para doblegar al pueblo y mantenerlo silenciado y subyugado a su poder.

A este aterrador panorama, le tenemos que agregar el fenómeno del clan Uribe, que se ha convertido, en las dos últimas décadas, en el coco de la democracia, por sus tentáculos con el poder y su innegable capacidad de mantener, cuál titiritero, el absoluto control de los tres poderes, ejecutivo, legislativo y judicial, más el poder de los medios de comunicación, de los gremios y banqueros y hasta el control de la ilegalidad para manejar a su antojo el país.

Lo anterior nos permite concluir, que con todos los males juntos, incluídos la crisis económica, el narcotráfico, la corrupción, la minería a gran escala, el mal manejo de la pandemia y el exterminio de los líderes, de las comunidades indígenas y de  los políticos de oposición, con todos estos, entre muchos otros males estructurales que nos aquejan, Colombia se ha convertido en un peligro para quienes piensan y opinan diferente, al igual que para los defensores de derechos humanos y los líderes sociales, por lo que se hace indispensable asumir el poder fáctico desde la sociedad civil e iniciar un proceso de creación a partir del caos, sobreponiendonos a la tiranía y a la corrupción de los gobernantes, para edificar una nueva realidad política, económica y social y así levantarnos de entre las cenizas, como lo describen los maestros de la estrella Sirius utilizando como símbolo de la superación del caos, al pájaro Bennu para iniciar el vuelo del fénix. Contaban los maestros de Sirius, en sus historias de sabiduría, que el pájaro Bennu vive durante cierto tiempo y de pronto estalla y se aniquila, pero luego revive de entre las cenizas. Emulando nuestra triste realidad, dónde hemos tenido que tocar fondo, para revertir  un largo ciclo de barbarie, corrupción, caos e inequidades, para dar paso a un nuevo ciclo de paz, armonía, prosperidad y bienestar para la sociedad.

 

 

 

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