agosto 11, 2022

Asi es Cúcuta

Noticias diarias en la web – Radio y Prensa

Por Rafael Humberto Guerrero Jaimes, columnista invitado

“…Si miras el alma del agresor, mira también el alma del ofendido. Cuando se rompe un hilo negro del telar, el tejedor revisa los hilos negros, los hilos bancos y revisa todo el telar….Las raíces negras y blancas, las raíces del bien y del mal están siempre entrelazadas en lo profundo en el corazón de la tierra.”-Khalil Gibrán

   Uno de los más serios y temidos miedos de nuestra infancia es “El Coco”. Ese ser perverso escapado de los bosques grises, de los bajos dominios de gnomos y duendes, que nos atormentaba de noche, en el reposo silente, en la intensa oscuridad. Claro al crecer y comprender que “El Coco” lo llevamos por dentro, como un grillete torturador del subconsciente infantil, entonces desapareció para siempre. Y sin embargo…

   A veces ese Coco permanece en potencia, como una “Espada de Damocles” colectiva, pendida sobre toda la colectividad, pero jamás está solo, siempre lleva perversa compañía.

   ¿Con la terminación del conflicto armado con las Farc, con la entrega de su arsenal armamentístico, desapareció “El Coco” de Colombia? ¿O no era tan Coco?

  -Es evidente: No. Y si era un gran “Coco”, pero no el único; veamos:

   Aún seguimos con la impronta a flor de piel de esa maldita contracultura de la violencia generalizada, a todas luces manifiesta y sufrida por todo el conglomerado social, más sentido desde luego en el sector rural y en la población marginada y vulnerable. ¿Y desde cuándo?

  -Siempre a todo lo largo de nuestras dos centurias de recorrido republicano jamás, nos abandonó la guerra, la guerra de guerrillas, la violencia en todo tipo de presentaciones: primero de militares vrs civilistas, luego de artesanos vrs comerciantes, más tarde guerras partidistas, violencias liberales y violencias conservadoras, conflictos armados políticos. Y luego ese perverso maridaje bipartidista denominado Frente Nacional que terminó con la violencia política, pero generó corrupción del sistema, amplió el abismo de clases y engendró una violencia social, potencializada por el narcotráfico y por la permisibilidad institucional y la indiferencia de las fuerzas vivas  del país.

   ¿Qué sigue ahora, desaparecido el mayor actor del conflicto armado?

   -Simplemente un gran interrogante. Quedan vivas un par de criaturas tenebrosas de largos y afilados colmillos; por ejemplo: la corrupción a todos los niveles; los impactos y afectaciones causados por los Señores de la Guerra en la población campesina que pretende recuperar por restitución sus tierras; la reticencia a un cambio de escenario sustitutivo de paz en simiente por violencia y conflicto y desde luego la polarización “in crescendo” entre la sociedad colombiana, entre otros…

   Santos ya cumplió, cumplió bien, lo premiaron y se va; Uribe realizó una feroz oposición sistemática, con razón o sin razón, dependiendo de la óptica individual y también se va. Detrás de ellos unas figuras mediocres, que no serán respuesta a la dimensión del reto contemporáneo. Por ahora, las reacciones esporádicas de nuevos actores del relevo generacional con un cuchillo ideológico apretado entre los dientes y un rosario de esperanza en sus manos y desde luego esa inmensa resiliencia del hombre del común colombiano, que tal vez sea capaz de encontrar rayos de luz en la intensidad de la neblina aun bajando. También quedamos, quienes nos alimentamos a diario con la utopía, con la fe de un mejor mañana para las próximas generaciones de colombianos…No es fácil, pero tampoco imposible.

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