Friday, 03 December 2021 | Login

Rafael Humberto Guerrero Jaimes, columnista invitado Rafael Humberto Guerrero Jaimes, columnista invitado Foto cortesía para asiescucuta.com

Los Bienaventurados, Oración de la montaña andina

Por: Rafael Humberto Guerrero Jaimes, columnista invitado

Ante una violencia generalizada y una desigualdad de oportunidades para la población más vulnerable, solo tiene el país como fortaleza la propia esperanza de sus valores humanos.

Bienaventurados los hombres de buena voluntad, que aún creen en un mañana mejor para Colombia; y también:

Bienaventurados los que trabajan con amor, porque siembran semillas de esperanza; su labor producirá buen pan y buen vino para nutrir de verdades la incertidumbre del hombre colombiano.
Bienaventurados los mansos de corazón, que no inclinan su cerviz, ni pierden su dignidad, porque aún esperan transitar por la vía pacífica los caminos hacia una paz sostenible.
Bienaventurados los campesinos, quienes todavía sostienen su azadón y con él su ilusión, porque son nuestra mejor esperanza, para proyectar políticas vigentes y futuras de retorno al campo y restitución de tierras.
Bienaventurados los hombres y mujeres de la clase media, quienes reciben todavía de pie, el peso de una tremenda carga impositiva, porque conforman el gran potencial silencioso de una reserva y de una revolución pacífica colombiana.
Bienaventurados los desplazados por la violencia y por el conflicto armado, porque por su valor y por su fe serán necesariamente los principales pilares de una nueva Colombia, refundada sobre una próxima cultura de paz.
Bienaventurados también, los promotores y ejecutores de las políticas y programas de la “ley de víctimas”, por impulsar “el perdón y el olvido” y la reivindicación de todas las víctimas del conflicto fratricida entre colombianos.
Bienaventurados los niños y niñas colombianas de todos los niveles sociales, étnicos y religiosos, porque tendrán el reto de enfrentar y vencer las dimensiones de las secuelas como herencia nefasta, de los violentos y narcotraficantes.
Bienaventurada la juventud, que entiende y es consciente de sus propios valores humanos y ahora abreva en las fuentes de la sabiduría académica, para enfrentar un futuro con algunos destellos de éxito.
Bienaventurados los adultos mayores, quienes hoy con dolor reprimen su impotencia ante la crisis de valores humanos contemporánea, pero aun a cuenta gotas orientan con amor y sabiduría a las nuevas generaciones de Colombia.
Bienaventurados los ambientalistas y los cultores de la economía verde, porque inducen fuerzas positivas y sustentables, para restaurar el equilibrio dinámico de la biosfera.
Bienaventurados los jóvenes deportistas colombianos, como Mariana Pajón, Nairo Quintana, Catherine Ibarguen, James Rodriguez, Egán Bérnal, Juan Fernando Quintero y Radamel Falcao García, porque con sus triunfos, mitigan las angustias y los afanes diarios de una población vulnerable, ávida de buenas noticias.
Bienaventurados los científicos y cultores del arte, las letras y la música, que se destacan a nivel mundial, porque su aporte retroalimenta el alma de Colombia.
Bienaventurados los dirigentes, que predican y aplican políticas sostenibles y socialdemócratas en lugar de neoliberismos salvajes, porque abren nuevos horizontes y algunas oportunidades para las inmensas mayorías sociales.
Bienaventurados los conductores espirituales del país, quienes entienden que en la fuerza de las ideas y en el poder del amor, que no de las armas, está la clave para auscultar con éxito los horizontes de paz.
Bienaventurados los agentes de la paz, que puedan repensar con ella una Colombia mejor, dentro del marco conceptual de un desarrollo humano sostenible.
Bienaventurados también los que aún conservan la utopía y todavía no han perdido su capacidad de soñar con una Colombia en paz, plena de oportunidades y armónica con la naturaleza, donde puedan crecer las generaciones próximas de buenos colombianos.

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