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El Cristo de Evo

Por Rafael Humberto Guerrero Jaimes, columnista invitado

Evo entrego como un presente al Papa Francisco un cristo incrustado y crucificado en los símbolos comunistas: El martillo y la hoz. De inmediato los sectores ortodoxos y reaccionario de la iglesia y del colectivo social, pusieron su grito en el cielo y formalizaron su protesta manifestando: “Que horror un Cristo blasfemo…Excomúlgalo de inmediato…”.

Evo Morales ese maravilloso presidente, generador del “milagro boliviano”, entendió muy bien quien era Jesús el hijo del hombre. Y “Francisco el hombre”, ese maravilloso Papa, a pesar de tener la doble condición de jesuita y argentino, también lo entiende.

Un Cristo blasfemo? Ni de vainas…Jesucristo, sino era comunista, por lo menos era un gran socialista. Predicaba igualdad, participación y amor hacia los más vulnerables: mendigos, prostitutas, enfermos, menesterosos. Y reprimía a los corruptos, a los recaudadores de impuestos, eso sí, invitando a dar a cada cual lo que le correspondía, incluso al Cesar. Era su prédica socialista. Claro, un sí inmenso.

Para ilustración sobre la dimensión humana de Jesús el Hijo del Hombre, traigo a colación unos apartes de un magnífico libro, así titulado de Khalil Gibrán. Y cita, así:

“¿Era Jesús un poeta? Para Romanos un poeta griego, Jesús era un poeta.”…Conoció las montañas como las águilas las conocen, y los valles como son conocidos por los ríos y los arroyos. Y había un desierto en su silencio, y un jardín en sus palabras cuando hablaba. Si, era un poeta cuyo corazón habitaba en una morada más arriba de las alturas, y sus canciones, aunque cantadas para nuestros oídos, eran cantadas también para otros oídos y para unos hombres de otros mundos donde la vida es siempre juventud y el tiempo, aurora…”.
¿Era Jesús un sanador? Para Filemón, un farmaceuta griego, Jesús lo era. “…El Nazareno era el medico supremo de su pueblo. Ningún hombre llego a saber tanto de nuestros cuerpos, de sus elementos y propiedades.
Me parece que fue con el poder de la oposición y la resistencia que curaba las enfermedades, pero de una manera desconocida para nuestros sabios. Algunas veces me parecía que oía el murmullo del dolor de todas las cosas que crecen al sol, y que entonces él las hacia levantar y las asistía, no solo con su propio conocimiento, sino descubriéndoles el propio poder que tenían para crecer y alcanzar su plenitud…”.
¿Era Jesús un orador? Para Asaf, el orador de Tiro sí lo era. “…Empezaba una historia de ésta manera: Una vez había un pastor, que contó sus ovejas al atardecer…Y esas palabras llevaban a sus oyentes a su más pura sencillez y a sus más lejanos días. Conocía la fuente de nuestro propio yo, y el hilo eterno con que era tejido…Los oradores de Grecia y Roma hablaban a sus oyentes de la vida como la concebían en sus mentes. El Nazareno les hablaba de sus anhelos que se alojaban en el corazón…”.

¿Era Jesús un mago y un farsante? Para sus angustiadores lo era; por ejemplo para un joven sacerdote de Cafarnaúm. “…Era un mago de muchas trampas y recursos, y un hechicero, y un hombre que confundía a los incautos con sus encantamientos. Y jugaba con las palabras de nuestros profetas y con las verdades sagradas de nuestros antepasados…Muchas veces dije, que odiaba a ese hombre. Si, lo odio más de lo que odio a los romanos. Además, el vino de Nazaret, una ciudad maldecida por nuestros profetas, un basurero de gentiles, de donde nada bueno puede venir…”.

Jesús de Nazaret, partió la historia de la humanidad en dos. Según la fe cristiana, en Antiguo testamento y Nuevo testamento. Pero aún por encima de las creencias religiosas, de la iglesia católica y protestante, de los hermanos ortodoxos y del fundamentalismo islámico, se yergue la inconmensurable dimensión humana de Jesús el Hijo del Hombre. Seguramente, para unos fue sanador, poeta, carpintero, pastor, mago, esenio, zelote revolucionario y para sus contradictores desde luego fue farsante. Sin embargo nos deja a todas las generaciones de los milenios de nuestra era, un legado de amor y también un Dios pleno de amor y eso solo es suficiente. “…Pero este hombre Jesús ha hablado de un Dios demasiado grande para ser distinto del alma de cualquier hombre, demasiado sabio para castigar, demasiado amor para recordar los pecados de las criaturas. Y este Dios del Nazareno atravesara los umbrales de los hijos de esta tierra, y se sentara al lado de sus hogares, y será una bendición dentro de los muros de sus casas y una luz en su camino”

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