Tuesday, 17 September 2019 | Login

Mamá e hijo Mamá e hijo Foto: Ismael Canavate

Amor de madre, una carrera sin cesar

Por: Ismael Canavate *

   Despuntando el sol con el rocío leve de la mañana iba Esmeralda con su hijo Brayan hacia el Instituto María Teresa Forero del barrio Belén de Cúcuta. La travesía se repetía diariamente desde el municipio de Los Patios, donde vivían. Mientras se entrecruzaban los alumnos en plena entrada despidiéndose de sus padres y corriendo, tratando de adelantarse al timbre y al amenazador cierre de la puerta principal, en las afueras Brayan permanecía expectante ante aquel fragor diario, dispuesto para una nueva jornada estudiantil.

   La rutina se rompió el día en que Jorge Alberto Benavidez, entrenador de la Liga Nortesantandereana de Atletismo, le hizo la invitación para ser un posible candidato de la escuela de formación deportiva, luego de observar la fisonomía del joven, y gracias a su experiencia profesional sabía que el joven tenía mucho por dar. Brayan en la primaria había participado en la Semana Deportiva, algunas veces como atleta y otras como arquero del equipo de grado donde le iba muy bien, obteniendo algunas medallas. Estos gratos recuerdos le ayudaron a tomar la decisión que le cambiaría su vida. Después de llamadas insistentes por casi un año, el acuerdo se concretó.

   Brayan José Pinilla Vera, 19 años, es alto, delgado, de tez clara y cejas pobladas que enmarcan unos ojos zarcos y cabello encrespado. Se encuentra en la pista del Estadio Bicentenario preparándose por el óvalo principal para iniciar el calentamiento, estiramiento de brazos, trote y carrera de 100 metros rumbo a La Esperanza, a un horizonte de gran valor motivacional. Al otro lado de la pista, su madre lo observa detenidamente: la parálisis cerebral y la discapacidad cognitiva moderada de Brayan no impiden que su mamá sueñe en verlo convertido en un deportista de alto rendimiento que viaje por el mundo en busca del oro olímpico, en los Juego de Tokio 2020.

                                                   

Carrera contra el tiempo

   A  inicios de diciembre de 2014, en medio de una reunión con el profe quien le indicó las particularidades y cualidades físicas, entre ellas, las piernas y pasos largos como puntos a favor de Brayan a la hora de correr, estaban a tan solo cuatro meses para poder participar del primer Open Nacional en Medellín, evento de pruebas de modalidad pista de 100, 200, 400 y 800 metros, relevos, saltos y en la modalidad campo en lanzamiento disco, bala y jabalina, pruebas  clasificatorias para los juegos paranacionales, una motivación  que no sería nada fácil;  todo era  empezar  con ganas y dedicación.

     Brayan es un ser extraordinario, espontáneo, su condición no le impide ser aguerrido y comprometido con lo que le gusta. Esmeralda es el símbolo de la mujer berraca y la madre protectora que hace hasta lo imposible por ver a su hijo feliz.  Razón por la cual decidió estudiar la Técnica de Entrenamiento Deportivo con el SENA (Servicio Nacional de Aprendizaje) convirtiéndose en su entrenadora personal. La madre trainer del joven promesa de la Liga Nortesantandereana de Atletismo.

   Un sinnúmero de ensueño, entre glorias y tristezas, han acompañado el día a día de Brayan quien siempre ha contado con el apoyo de la familia. Desde la distancia, su hermano Andrés tampoco lo desampara. Su querido padre Rodolfo Pinilla Arenas con su trabajo es el encargado del sostenimiento económico del hogar reconociendo además que Esmeralda también le ha dado el desarrollo deportivo a Brayan. Son una familia consagrada, unidos por una meta que huele a Brayan, que huele a éxito.

   Esmeralda desde el estadio, en los gimnasios y espacios deportivos del barrio se le ve entregada al rendimiento de su hijo; también está pendiente de cualquier reacción que pueda tener frente a su discapacidad y viaja con él a donde quiera que pueda ir.

   Su residencia se encuentra ubicada en el barrio San José y una larga caminata -que puede durar cincuenta minutos- le permite llegar al centro de Cúcuta, para tomar el trasporte que lo lleve hasta la avenida Kennedy de la ciudadela Juan Atalaya, lugar de los entrenamientos.  Este recorrido a veces se vuelve tedioso por las altas temperaturas que azotan a la Perla del Norte; el sueño arde, la motivación crece y el calor humano se apodera de cada movimiento muscular y en competencia que Brayan hace. Sin duda, él es la mayor inspiración para los suyos.

   En el primer momento de competición en la ciudad de Medellín participó como preparación y clasificación hacia los Juegos Paranacionales de 2015 en Cali. En ese evento compitieron por los 100 metros planos ocho deportistas sobre la pista. A la espera de la salida por parte del juez, los nervios y la adrenalina estaban por encima de la atención al pitazo de partida. Era la primera vez que Brayan participaba en estos juegos.

   El silbato anunciaba una cuasi comedia. Al principio un competidor “se robó la partida”. Muchos dan cuenta de la ansiedad de los deportistas, otros señalan a los árbitros como los inconsecuentes, el atleta echó a correr con la velocidad y la concentración extrema al punto que no podían pararle y decidieron los jueces dar un descanso de 10 minutos tras la jugada ilegítima. Pasado el tiempo estimado la competencia volvió a detenerse por la insistencia del mismo competidor en arrancar antes del pitazo final, mientras se murmuraba que algo pasaba tras bambalinas, de igual manera terminó descalificado.

   Por tercera y última vez se dio la salida, la atención y la ansiedad aumentaban y terminaron pasándole factura a Brayan. Los jueces sancionaron otra falta de este novato que terminó igual que el anterior contrincante. La impotencia se vio reflejada en su rostro y algunas lágrimas rodaron por las mejillas de Esmeralda. El profe Benavidez y Brayan reclamaron que se había pitado mal, pero ahí no se pudo hacer nada.

   Durante  2016, con o sin la mala experiencia, se intensificaron las rutinas y con ellas los propósitos comenzaban a aumentar.  Era el primer año como deportista para Brayan; poca experiencia pero con actitud positiva, arrolladora, con hambre de triunfo, de romper la pista y el campo. El joven deportista trabajaba motivado esperando que se acercara el siguiente Open, Juegos Nacionales que se realizan dos veces al año.

   En febrero Brayan viajó a Cali, donde recogió los frutos de su sacrificio y esfuerzo, al obtener tres medallas que catapultaron su espíritu ganador. En los 100 metros consiguió la primera medalla de bronce, y luego en los 200 y 400 metros, preciadas de plata.  De igual manera, decide participar en los Juegos Supérate, de donde también llegaron alegrías.

   Ese mismo año, en el mes de diciembre en Medellín, se trajo para la capital nortesantandereana cinco preciadas: dos medallas de oro, dos de bronce y una de plata fue el resultado de la actividad en las diferentes modalidades. Brayan participó como juvenil y en la categoría de mayores por su condición deportiva y de discapacidad.

                                                        

A los Panamericanos

   A la racha positiva y los grandes triunfos obtenidos, este joven cucuteño logra ganarse la concentración para los juegos Paramericanos que se realizaron en Sao Pablo, Brasil. El 6 de diciembre viajó a Cali a reunirse con el equipo técnico y hacer las pruebas correspondientes. A finales de enero del 2017 le dan la noticia de que fue escogido como candidato para representar a Colombia en Sao Pablo.

   La dicha no cabía en la familia Pinilla Vera; el trámite de pasaporte estaba encima, viajar a otro país era algo inesperado, los sueños se estaban cumpliendo y tocaba sacarla del estadio con buenos resultados. Brayan, con tan solo 17 años de edad y dos como deportista, con ímpetu arrasó la pista. En los 100 metros obtuvo medalla de bronce, en los 400 preciada de plata y en los 200 metros no pudo conseguir debido a una caída inesperada.

   Por estos logros empezó a obtener un tributo económico como apoyo para la familia y el cubrimiento de los gastos deportivos. El atletismo no es solo un deporte sino una fuente de trabajo a la que dedican tiempo y sacrificio, y se ven recompensadas en lo mejor de los casos en el pago de las preciadas obtenidas.

   Durante ese mismo año se realizaron los Juegos Supérate Intercolegiados donde obtuvo medalla de bronce y plata. Fue un año lleno de glorias, convirtiéndose cada día en la promesa cumplida del atletismo de Norte de Santander.

   En 2018, la primera competencia fue en abril en la ciudad de Cali, certamen donde obtuvo su primera medalla bronce en lanzamiento de disco, en la modalidad de campo con 28,99 metros. Esta vez la medalla no se le escapó. A final de año en Barranquilla no logró mantener su racha ganadora pero sí seguir con las marcas, manteniendo su clasificación en los 100 y 200 metros, y en  lanzamiento de disco en  el Paranacional que se realizará en Cartagena en diciembre de 2019.

   Para este mismo año a inicios de mayo en Medellín se hizo la competencia, esta vez contando con deportistas de talla de Latinoamérica, atletas de Costa Rica, Argentina, Perú y otros países estuvieron presentes. Allí obtuvo la clasificación para los 400 metros y ganó medalla de bronce en lanzamiento de disco. A la fecha, grandes logros ha obtenido este cucuteño, no solo él, sino una familia entera que le pone el alma y el corazón al desarrollo competitivo de Brayan.

   Un joven que encontró en el deporte otra vida, otra manera de superar su discapacidad y de superarse a sí mismo.  Hoy, con 19 años, se encuentra validando el bachllerato cursando sexto grado.  Alegre, cuenta sobre su primer trabajo. Sentirse ocupado y con responsabilidades lo llena de orgullo; su labor la ejerce con el Instituto Municipal de Recreación y Deporte (IMRD) de Cúcuta, con los abuelos de la tercera edad, mediante actividades físicas y recreativas, bailoterapias y en el apoyo de las actividades que realiza la institución. Con el dinero que gana manifiesta comprarse cosas personales.

Superar la mayor prueba

   Brayan es un orgullo para la familia y, especialmente, para Esmeralda. Cada primero de febrero es una fecha para celebrar su cumpleaños que viene acompañado de alegrías; gracias a Dios, a su familia y a su perseverancia, las tristezas quedaron en el pasado. Recordar esta historia desde el nacimiento de Brayan hizo que a su madre se le quebrara la voz y se le hiciera un nudo en la garganta que le obligó a interrumpir el relato.

   Recordó que ese febrero del año 2000, ella daba a luz a este niño que nació por cesárea, pero una baja de tensión en el parto y la falta de oxígeno en el cerebro le ocasionaron problemas neuro-cerebrales al bebé. Ese fue el diagnóstico que le dio una fisioterapeuta particular siete meses después de que Esmeralda, preocupada, observaba que el niño no movía sus extremidades inferiores.

   Comenzaron, entonces, las terapias; cada cita era un mal recuerdo para el bebé, quien en medio de la sesión lloraba hasta llegar a punto de convulsionar. Al ver que su hijo torcía los ojos y vomitaba, angustiaba a la joven madre. Él no soportaba la mirada de la doctora y tampoco el tratamiento.

   En busca de otros diagnósticos que le ayudaran a encontrar una mejoría, dio con un médico que acabó con sus esperanzas, tras manifestarle que Brayan podía morirse en cualquier momento. Según su pronóstico, el niño no tenía cerebro, era una simple masa que se encontraba en la cabeza. Al conocer esta versión decide hacerle un TAC que permitió ver la parte izquierda del cerebro muerta.

   La preocupación los embargó por completo; la visita a otros neurólogos hizo que la zozobra bajara y el diagnóstico errado de aquel doctor fue controvertido por estos especialistas, quienes aconsejaron seguir un tratamiento para que llevara una vida normal, que estudiara en colegio particular y no en educación especial, para que el niño no fuese a replicar dichos comportamientos.

   Las convulsiones seguían, pero no tan constantes. Un día, Esmeralda, entre llantos, oró desde lo más profundo del alma y con el corazón angustiado; y aunque fueron palabras de fe, también fue como si estuviese retando a Dios:

   “Señor, si Usted me lo mandó, algún fin tiene. Es su hijo, no es mío; sufrir no lo quiero ver. Si Usted me lo va a dejar, yo trato de hacer lo que Usted me ponga en él. Sufrir no, si es así, lléveselo”. Con dolor en el alma esas fueron las palabras de una madre desesperada, habló con Dios y esa fue la última vez en que Brayan convulsionó.

(*Estudiante de la Universidad de Pamplona)

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