Monday, 23 October 2017 | Login

Carta al primo Carlos

Carta al primo Carlos

Por Rafael Humberto Guerrero Jaimes, columnista invitado

Nota: Carlos Alberto Guerrero Sandoval es un brillante abogado pamplonés, defensor radical del proceso de paz y contradictor permanente en las redes sociales de los fanáticos de ultraderecha, condición que comparto en la propia medida de mis limitaciones.

Apreciado Primo Carlos:

 No es fácil, tratar de hacer entender a los opositores del proceso de paz o a los fanáticos de ultraderecha, con argumentos, válidos o no, que difieran de su ideario doctrinario, si lo tienen, o de su línea de conducta ortodoxa. Mejor es imposible un debate, dado su intransigencia sistemática. Es posible que ellos piensen igual que nosotros de tal imposibilidad de debatir civilizadamente los temas pertinentes al fin del conflicto…Vía cerrada y llena por autos en los sentidos.

Primo, tú y yo, somos un par de voces contestatarias entre miles de ellas, o un “par de aves de tormenta”, como diría, Jesús Hernando Guerrero Moreno, otro hombre también contestatario. En nuestra orilla, la orilla de “Amigos del fin del conflicto”, entendemos, casi todos, la imperiosa necesidad de la continuidad del proceso de La Habana, para intentar, en un futuro próximo, estructurar una paz sustentable, por la vía pacífica y dentro de un marco programático de un desarrollo humano sostenible. Y punto, eso es todo…En tal virtud a veces y muchas son las veces, nos radicalizamos y con un cuchillo ideológico entre los dientes defendemos incondicionalmente el proceso de paz. Desde luego, generamos odios, amores, ganamos nuevos amigos y perdemos también malos amigos.

Mas a la izquierda nuestra, están los “Amigos del socialismo”, muy pocos desafortunadamente para el equilibrio y refresco democrático, quienes llevan años batallando por la vía pacífica con el propósito de difundir y consolidar su base programática socialista. Ellos casi nunca intervienen en el debate y su actitud es conciliadora a todas luces manifiesta.

Mucho más a la derecha nuestra en el espectro político, están los “Amigos opositores al proceso de paz”. Unos inteligentes, con argumentos propositivos, que no compartimos por elemental distancia ideológica, otros más ortodoxos y otros definitivamente fanáticos ultramontanos, transmisores de una post verdad y de mensajes sofismaticos inducidos e impulsados por los señores de la Guerra.

Quienes se oponen al proceso de paz o del fin del conflicto o a los acuerdos de dejación de armas de las Farc o a todo lo pactado en la Habana, se dividen en cuatro grupos:

Un primer grupo, conformado por grandes y medianos empresarios, terratenientes y funcionarios de elite, la mayoría gente de bien, otra gente perversa. Ellos tienen razones económicas y sociales para impulsar, y de qué manera, la continuidad del conflicto armado y la contracultura de la violencia, en algunos casos. Ellos con bastantes excepciones son los Señores de la Guerra.

Un segundo orden, es para un sector ortodoxo del colectivo social, todos amigos del desarrollismo sostenido y del neoliberalismo, son en su mayoría personas pensantes, gente de bien, que se sienten cómodos en su querencia natural: “Nada cambia, todo permanece idéntico”, son conservadores no de partido, sino de estilo de vida y son proclives al progreso del caudillismo, venga de donde sea. Cuando debaten lo hace con confianza, con argumentos elaborados de partitura, siguen a RCN y recuerdan con nostalgia a nuestros caudillos históricos, no les disgusta Trump y tienen un odio visceral al socialismo y un subvalor al liberalismo social.

Un tercer grupo corresponde a gente de clase media baja y clase popular que se volvieron uribistas por los buenos indicadores obtenidos en la seguridad democrática en el primero de los ocho años de mandato del presidente Uribe Vélez. Se sintieron felices y aun pregonan un paradigma ya en decadencia de “Con Uribe se podía volver al campo”, Y claro con semejante gobierno tan malo de Andrés Pastrana, cualquiera lo hubiese sucedido su buen desempeño estaba asegurado. Con los acuerdos de paz y la dejación de armas presentes, ahora los indicadores de seguridad de Santos son, de lejos, mayores que en las primeras épocas de Uribe y las estadísticas como simples indicadores así lo demuestran. En esas razones este tercer grupo, tiende a diluirse, unos pasan a la franja independiente y otros se tornan fanáticos del cuarto grupo.

El cuarto grupo, y aquí “se pone el chocolate a cuarenta”, hace referencia a uribistas incondicionales, orientados por dos perlas. “…Con Uribe con la razón o sin ella” y “…Votaremos por quien diga Uribe”…primo, se tornaron fanáticos, algunos de derecha, otros de ultraderecha. Algunos se volvieron “loros”, repiten como tales, las tonadas del día ordenadas desde la cúpula; a saber un ejemplo: “…Si no triunfa el uribismo llega el castro-chavismo a Colombia”;  “…El papa Francisco es un anti-cristo”; “…Ramos y Arias son perseguidos políticos…”; “…Uribe es el Gran Colombiano…”. Aquí, primo “Apague la luz y vámonos”. No existe dialogo, debate, confrontación de ideas, argumentos propositicos de oposición.

Jamás primo, convenceremos con argumentos válidos o no, a ninguno de los integrantes de los cuatro grupos de los “Amigos del No”. El país primo, esta polarizado, por fortuna es una polarización atípica, se define como “una polarización asimétrica”. La ultraderecha y parte de la derecha esta radicalizada en el NO. El SI por fortuna no está radicalizado, tal vez nosotros primo, pero quienes miran con ilusión al proceso de paz, incluida la ex guerrilla y la izquierda-izquierda están en actitud conciliadora. Y no es fácil la despolarización, solo puede impulsarla Uribe Vélez, pero esta radicalizado. Él y sus inmediatos jerárquicos, solo “quieren sacar a paratas a Santos”. Uribe le perdonará a Santos su Nobel, su “traición con los acuerdos de paz”, pero nunca le perdonará que le haya cerrado las puertas de la reelección. Grave y polarizante asunto…

Primo, como dijo Vicente Fernández: “…Con esta me retiro”. No sigo acompañándote en un debate complejo y sin posibilidades de éxito. No. Creo en el proceso de paz, creo en un mañana mejor para Colombia, y no es retórica, cada día retroalimento mis sueños de paz, la utopía colombiana, y espero en el juicio ponderado del pueblo colombiano. Por fortuna existe una inmensa franja de colombianos independientes, pensantes, no polarizados, mamados de la radicalización entre izquierda y derecha, entre el SI y el No, entre Uribistas y no uribistas, cansados del dúo Santos-Uribe, de las pasiones mezquinas y de la soberbia y egocentrismo de caudillos mesiánicos con nostalgia de poder y de presidentes y ex presidentes sin renovación ideológica, mamados y cansados por discusiones bizantinas y eso si añorantes de una nueva generación de dirigentes que se conviertan en el relevo ideológico y generacional de un país que bien merece abrevar en las fuentes de la paz.

Fraternal saludo primo…

Rafael Humberto Guerrero Jaimes

 

  

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Acerca del Autor

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