Thursday, 23 January 2020 | Login

Clemencia Gomez, columnista invitada Clemencia Gomez, columnista invitada Foto cortesía para asiescucuta.com

La relatividad del tiempo.....

Por: Clemencia Gomez, columnista invitada

Entre las varias dudas que conforman el burdo tejido de mi escepticismo, está la de la real existencia del tiempo, que en la práctica es solo un devenir de días y noches, de rotaciones y traslaciones mecánicas que nos marcan desde el nacimiento hasta la muerte. Quizá por esta visión elemental y simple, alejada de la astronomía como ciencia y de la astrología como perspectiva esotérica, encuentro el valor de la vida en el aquí y en el ahora, que en realidad es con lo único concreto que cuento en materia de temporalidad. Ahora, es el único instante en que puedo ser serena o volverme polvo, según se me dé la gana.

Hemos tenido muchas formas caprichosas de medir el tiempo desde los sumerios, pasando por los egipcios, sus Ptolemeos astrónomos y su sabia Hipatia dedicada a la ciencia, hasta encontrarnos con el calendario oficial impuesto por Gregorio XIII, papa de la cristiandad, que en el 1528 resolvió sustituir el Calendario Juliano, impuesto por Julio César en el 46 a C., por el Calendario Gregoriano, con el fin de ajustar algunas celebraciones religiosas, como la pascua, a su infalible deseo.

Los civilizados pueblos de mesoamérica tuvieron su propio calendario, el calendario maya, mas ajustado a una visión astrónomica del tiempo, que le permitía entender a nuestros antepasados precolombinos el sentido de cada día, hasta que a punta de cruz y espada se consumo el genocidio, se arrasaron culturas milenarias y se quedó el bodrio del calendario Gregoriano que sojuzgaba creencias e imponía fiestas. El calendario de la Revolución Francesa por razones obvias me encanta y según sus meses, de sonoros nombres, yo nací el 28 de Germinal y la chispa subversiva magnífica salto entre Messidor y Termidor.

Hay quienes se guían por el calendario lunar, como el hombre del campo y quienes por el calendario celta que según los científicos es de asombrosa exactitud para medir el tiempo; otros conforman su calendario a partir de solsticios y equinoccios que marcan en forma inversa la vida del hemisferio boreal y del hemisferio austral y hay románticos codependientes (¿será redundancia?) que afirman “mi vida comenzó cuando llegaste tú”, en fin, medir el tiempo es una invención humana, por demás caprichosa, en la que no confío ni un ápice.

Hoy creo en lo que pienso y en lo que siento y aprovecho la euforia del momento para tenerlo presente con agradecimiento, porque el llamado 2019 que para muchos fue un annus horribilis, para mí, personalmente, fue un mirabilis de annus por razones que amorosamente les comparto: tuve mis demonios a buen recaudo, sin tener que amordazarlos; pude mantener mi hedonismo, sustituyendo el prosaico placer del corto plazo, por el placer del largo plazo; compartí con mi familia sin permitir las intromisiones cuando me resultaron inmanejables y lo hice en forma asertiva; disfruté de paz y silencio en el campo, encontré gente maravillosa, ustedes, con quienes comparto música, cine, arte, filosofía, poesías, vivencias y sobre todo política, los que no se interesan en ella dejan que les piensen la vida; aprendí a separar definitivamente mis luchas colectivas del amoroso cuidado del ETHOS que es ni mas ni menos que el arreglo de mi morada interior, la vida sencilla.

¿Qué más podría pedir? Bueno, si, algo, que la rama judicial se mueva mas....

Midan el tiempo como se les antoje, que yo estaré ahí para compartir con ustedes cada día, en tanto me lo permitan. ¡Feliz 2020, hasta que venga otro de los sabihondos que mangonean y nos imponga otra vaina!.

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Acerca del Autor

Melómano, cinéfilo, hacedor de letras, emprendedor y viajero de este mundo!