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Familia Castillejo Cabarique Familia Castillejo Cabarique Diego Monsalve

Jhon Bairon Castillejo Cabarique Una historia de amor y fe

Redacción de la crónica; Diego Monsalve, estudiante de la UniPamplona.

La historia de Jhon Bairon la conocí por medio de la Fundación Soñar, ubicada en el tercer piso del Hospital Universitario Erasmo Meoz. Este lugar lo frecuenté meses atrás, cuando un amigo, en medio de mi proceso de quimioterapia, me invitó a la grabación de un video.

La fundación maneja el programa sin ánimo de lucro y ayuda a cientos de niños en la ciudad y el Área Metropolitana. La directora Pilar Serrano facilitó el contacto con Martha Cabarique, mamá del menor beneficiario. Inmediatamente, abrió las puertas del hogar y, sobre todo, la historia de amor, lucha y resiliencia.

La voz se sentía cálida cada vez que hablaba y se podía oír a una mujer amable, que sonreía al otro lado del teléfono. Acordamos una cita, a las 6:30 de la noche, en el barrio Trigal del Norte.

Una vez ubicado el lugar del encuentro, del garaje de una de las casas un joven alto, moreno, bien parecido y de unos 16 años hacía señas. Me bajé de la motocicleta y saludé a quienes estaban en la puerta. Al fondo del cobertizo, Martha Cabarique aguardaba sentada. Luego de la bienvenida de rigor al hogar, me invitó a sentarme.

La primera pregunta fue sobre Jhon Bairon. Era el joven de la entrada, imaginaba que era más niño. Tiene 14 años y la apariencia física y la experiencia de la vida lo han madurado.  

                                                        

Jhon Bairon Castillejo Cabarique nació, el 26 de enero del 2005, en Cúcuta. Es el menor de cuatro hermanos. Los padres Martha Janeth y Jaime Manuel han sido unidos y han trabajado hombro a hombro por lo que más aman, sus hijos. Soñaba con ser héroe multimisión y de esta manera servir a la patria, extendiendo una mano amiga a quién la necesite.

En julio del 2015, un dolor detrás del oído izquierdo afloró en forma de bulto. Tenía 10 años y cursaba quinto grado en la Corporación Trigal del Norte. La señal fue atendida por los Castillejo Cabarique con la imposición de un collar de limones. Dos meses atrás, a una hija le habían dado paperas y pensaban que se trataba de lo mismo.

Trascurridos 15 días, la inflamación seguía, la fiebre continuaba y la cefalea era permanente. Martha  tomó al hijo y lo llevó a urgencias del hospital Erasmo Meoz, donde fue internado.

El proceso era algo nuevo para el muchacho, que había gozado de buena salud y jamás había sido hospitalizado ni  internado. Solo quería que el dolor se calmara para volver pronto a casa.  El 7 de agosto, se llevó a cabo la extracción de la masa y luego de haber pasado por patología, el diagnóstico reveló un Linfoma Hodgkin, uno de los cánceres más comunes en menores de edad.

El examen se practicó de nuevo para confirmar el diagnóstico; además de conocer, cuál era el nivel de alcance dentro del cuerpo de Jhon Bairon y cuál sería  la ruta de tratamiento. Mientras los médicos hacían el trabajo, la cabeza de Martha se llenaba de miedos y temores. Pensaba en qué les preparaba la vida.

  • Una no quiere que le pase algo malo a los hijos. Para mí fue impresionante. Había investigado y estaba preparada para lo que el doctor me iba a decir - sostuvo

Los ojos de la angustiada madre se nublaron  y las manos buscaban la manera de terminar de expresar lo que el corazón vivió cuando recuerda aquel mes. Los padres tomaron el diagnóstico con prudencia y guardaron silencio hasta esperar que el hijo menor se recuperara de la primera intervención quirúrgica. En septiembre, Jhon Bairon continuaba la vida normal.

Por sentido humano y en respeto al derecho a la educación, el colegio le permitió continuar con los trabajos y los deberes desde la comodidad de la casa. El oncólogo Leonardo Hernández los citó a la Clínica de Cancerología de Norte de Santander. Hasta esa fecha, el  niño no tenía conocimiento de lo que sucedía.

Al ingresar al sanatorio vio a niños y adultos sin cabello, y la palabra cáncer escrita en todos los pisos del centro de salud. Sintió temor y comenzó a preguntarles a los padres qué era lo que de verdad tenía. La espera terminó y la secretaria del especialista los hizo seguir al consultorio.

Allí, le explicaron cuál era la ruta que debía continuar. En ese momento, Jhon Bairon no sabía a ciencia cierta que ocurría. Los padres le pidieron al médico que le contara.

  • Cuando el doctor me dijo que tenía cáncer, sentí algo muy feo en mí, como una tristeza. Después, me explicó cómo era el procedimiento y no sentí más miedo. El oncólogo Hernández fue una gran persona y me habló como buen amigo - dijo Jhon, con serenidad y una sonrisa dibujada en el rostro.

El tratamiento duraría dos meses, se sometería a cuatro quimioterapias, programadas cada 15 días. Los padres se dispusieron a autorizar el tratamiento en la EPS Medimás, pero por lo inoperativo del sistema se le negó el servicio. La familia Castillejo Cabarique interpuso una acción de tutela, así comenzó la carrera contra el reloj por la sobrevivencia del hijo.

En diciembre del 2015, inició el primer ciclo de los cuatro del tratamiento. Debían estar antes de las 7:00 de la mañana, en la Clínica de Cancerología del Norte de Santander esperar el llamado a lista, presentar el carné de programación y asistencia y esperar en la fría sala, sentado en el sofá cama de cuerina reclinable. Lo acompañaban otros 30 pacientes.

La auxiliar de enfermería lo canalizó y conectó a la bomba de infusión. Empezaban las quimios blancas, seguidas de las azules y concluían con las rojas, las más fuertes, hasta las 5:00 de la tarde. Mareos, náuseas, dolores de cabeza y otros malestares eran comunes en esos días.

En la cultura latina, el año nuevo es la esperanza de que algo positivo llegue a la vida. Para la familia Castillejo Cabarique, el 2016 llegó cargado de una noticia, que les devolvería la paz y la tranquilidad. El 7 de febrero, Jhon Bairon fue dado de alta. El problema con el cáncer era historia y había ganando la batalla a favor de la vida.

Por restricciones del tratamiento, el sueño de servir a los demás como militar se transformó en uno más humano. Ahora, desea ser oncólogo pediatra para ayudar a niños que padezcan esta enfermedad. En el futuro aportará conocimientos científicos, experiencias y el testimonio de vida.

Para esta familia, la mayor motivación fue el amor incondicional que los une y la fe en Dios de que todo saldría bien. Aconseja permanecer positivos, a pesar de que el panorama se tiña de gris. Pide a los profesionales de la salud que brinden las herramientas necesarias para efectuar cada tratamiento de la mejor manera.

Los Castillejo Cabarique rechazan cualquier sentimiento de lástima frente a los pacientes, porque no contribuye al bienestar del enfermo y los familiares.  Agradecen el apoyo de la Fundación Soñar.

 

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Read 935 times Last modified on Tuesday, 19 November 2019 12:10
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Acerca del Autor

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