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Vicenta María

Wednesday, 27 March 2019 00:00 Written by

Por Rafael Humberto Guerrero Cecilia Jaimes, columnista invitado


Hace muchos años, en 1885, un jefe indio norteamericano, envió una carta al presidente Franklin K Pierce, en respuesta a su solicitud de compra de las llanuras habitadas por las comunidades indígenas del Oeste americano. Cita el jefe Sealthl: “¿Cómo se puede comprar o vender el cielo, el calor de la tierra? Es ésta idea extraña para nosotros. Hasta ahora nosotros no somos dueños del aire, ni del resplandor del agua. Cada espina de brillante pino, cada orilla arenosa, cada bruma en el oscuro bosque, cada claro y zumbador insecto es sagrado en la memoria y en la experiencia de mi gente. Nosotros sabemos que el hombre blanco no entiende nuestras costumbres. Para él un pedazo de tierra es igual a otro. La tierra no es su hermana, sino su enemiga y cuando la ha conquistado sigue adelante…”.
En éstas palabras están matizadas de la belleza descriptiva de un pensamiento “químicamente puro” y también nos muestran la angustia por el futuro de las próximas generaciones de su raza. No escapó al nativo norteamericano, el “poder depredador” del hombre blanco y su capacidad de agresión hacia el medio ambiente.
Ahora, 127 años más tarde, otra indígena colombiana, Vicenta María Siosi Pino, de la comunidad Wayuu, clan Apshana, envía una carta al presidente Juan Manuel Santos, en la cual describe con “alma, corazón y vida”, las costumbres de su pueblo, y los beneficios que reciben del río Ranchería, ante la inminencia de una depredación ambiental consentida por el gobierno colombiano, con motivo de la producción salvaje de minería en el Cerrejón. Así se expresa Vicente María en su misiva: “la gente de aquí viven de pescar en el río con atarrayas artesanales, aun los niños pescan lisas, bagres, bocachicos, camarón y son nuestro alimento. Las mujeres recogen cerezas, iguarayas, mamoncillos cotoprix, coas silvestres y las venden por las calles de Riohacha.” Y añade: “El Ranchería es el único río de los Wayuu. La única corriente de agua que atraviesa éste territorio ancestral dando vida a nuestra vida”. Y termina con una clara petición: “Por favor no permita que la empresa extranjera Cerrejón destruya el acuífero que mantiene el Ranchería y seque la fuente de la única agua que poseemos”.
No sé si el presidente Santos recibió con sentido de pertenencia el “bastón del buen gobierno” de los mamos de la Sierra Nevada. Allí en esa entrega estaba implícita la sustentabilidad. Quiere esto decir: la armonía y el equilibrio hacia la conservación de nuestros ecosistemas, más aún cuando se trata de un sistema biológico madre de la comunidad Wayuu.
Entonces, de Pierce a Santos; del jefe Seathl a Vicenta María; dos voces del corazón de la tierra; dos escenarios diferentes y otros actores, pero la misma angustia, idéntico afán, ese sentido clamor por conservar puro lo puro. Antes, la nueva civilización del hombre blanco, con su caballo de hierro. Ahora otra locomotora, la de la minería. Ambas depredadoras, nocivas, con afectaciones negativas. Pero las palabras de Vicente María no pueden perderse en el aire, ni su carta debe ir al baúl del olvido. Es necesario un apoyo total a su causa y un gran llamado de atención al gobierno nacional, para que en su afán productivo, no contamine, ni deprede nuestros ecosistemas, fuente de vida, tanto para los Wayuu, como para todos los colombianos

Incentivar el emprendimiento

Friday, 22 March 2019 00:00 Written by

Por: Juan David Escobar Cubides, columnista invitado

Una de las tareas de los gobiernos en el mundo contemporáneo es, sin lugar a dudas, incentivar, apoyar y auxiliar cualquier acto de emprendimiento, en tanto aquel sea viable para el crecimiento de la economía. Y así lo consideramos porque, crear empresa en Colombia es un arte complejo que debe valorársele a quien tiene la osadía de hacerlo, pues no es fácil asumir la decisión de renunciar a la estabilidad de un empleo bajo vinculación laboral, para impulsar un negocio propio y diferente.

Y es que iniciarse como empresario en Colombia es un reto que amerita el ejercicio de todas las aptitudes brillantes de la condición humana: liderazgo, trasparencia, visión, organización, perseverancia, coherencia, educación, pero, sobre todo, mucho riesgo. Es acá donde tocamos la palabra clave, la cual es, arriesgarse. Arriesgarse a ganar o a perder, a triunfar o a fracasar. Así transcurre la situación. No obstante, es muy común fracasar en el emprendimiento. Y para evitar cualquier tipo de fracaso, consideramos que es menester ejercer algunas estrategias enfocadas al logro y a los resultados, pues precisamente por ser una determinación riesgosa es que es de magna trascendencia auxiliar al emprendedor en el desarrollo de su actividad económica. La idea es que triunfe, no que decline. Esto nos conviene a todos.  

Y se preguntarán: ¿Por qué debemos apoyar a los emprendedores? Porque quien emprende genera empleo, y quien genera empleo aporta positivamente para el crecimiento económico de su país. De esta manera, se construye estabilidad y bienestar social en la población. Esto es, lo que inexorablemente contribuye para el desarrollo humano, económico y social de un conglomerado. Lo más importante es que así mejoramos la calidad de vida de todos los ciudadanos. Y cuando esto ocurre golpeamos fuertemente a la violencia y a la corrupción. ¡Así de sencillo!

Por el contrario, generamos productividad, competitividad y rentabilidad en el país. Todos sabemos que esto es lo que necesita una economía vigorosa y saludable para mantenerse en un nivel idóneo de sostenibilidad y crecimiento continuado. Además, toda política social de un Estado debe ir de la mano, en sintonía y en consonancia, con la empresa privada. No hay política social próspera si esta se encuentra distanciada de la empresa privada. Es por esto, por lo que consideramos una prioridad apoyar al emprendedor, pues es por excelencia quien se preocupa por generar riqueza, para combatir a la pobreza. ¡No le busque más!

Ahora bien, ¿Por qué fracasan los emprendimientos? Por tres razones: primero, porque los ahoga la excesiva carga tributaria, lo cual disminuye la utilidad, toda vez que lo que se obtiene por ganancia toca, generalmente, pagarlo en impuestos. Se dice que, alrededor del 65% del dinero de los negocios termina en las arcas del Estado. Segundo, porque reluce la carencia de educación financiera y crediticia, pues únicamente el 50% de los emprendedores han terminado el bachillerato. Tercero, por la falta de apoyo financiero y crediticio, dado que hay poco crédito para quien presenta una idea viable de negocio, y cuando por algún motivo lo hay, pues las tasas de interés son excesivamente encumbradas. ¡Problema mayúsculo!

¿Cómo podemos solucionar esta problemática? Primero, generando mayores oportunidades de educación  en el ser, en el saber y en el hacer. Así logramos que el emprendedor tenga una panorama académico claro de la actividad que pretende desarrollar. Segundo, dando apertura a un plan financiero y crediticio de fácil acceso para aquel ciudadano que presenta una idea viable de negocio, es decir, siendo esta seria y estructurada. Tercero,  eliminando ciertos impuestos durante un lapso de tiempo determinado, que, bien puede ser durante 3, 4 o 5 años mientras se consolida la actividad económica, producto del emprendimiento. Lo último, claro está, para micro y pequeñas empresas. Así evitamos entrar en detrimentos patrimoniales.

Si quienes tenemos aspiraciones políticas, trabajamos para consolidar lo antecedente, la transformación y el crecimiento económico de nuestro país sería inminente. ¡Es hora de comenzar!

@JuanDaEscobarC     

TAGS: Emprendimiento, apoyo a emprendedores, crecimiento económico.

   

Hay que acabar con la criminalidad en Medellín

Thursday, 14 March 2019 00:00 Written by

Por: Juan David Escobar Cubides, columnista invitado

Es deber del Estado proteger a los ciudadanos de bien y combatir con suma verticalidad a la delincuencia organizada. Ese es el principio rector de un Estado de Derecho. Y así debe ser porque, obrar conforme a los parámetros de la fuerza institucionalizada es una actividad legítima, para neutralizar a los criminales de la ciudad.  En este ámbito no es, ni puede ser admisible la tibieza dado que la situación debe confrontarse con excesiva determinación. Error imperdonable el de un alcalde que hace unos años celebró con criminales un pacto de no agresión. Infortunadamente, esto se ve reflejado hoy en día de la peor manera.

Bien sabemos que con los criminales no se celebran pactos, ni acuerdos, y ello está probado históricamente. A esa plaga hay que desbaratarla en el escenario militar sin un ápice de vacilación, pues solo así podrán vivir los ciudadanos decentes en paz. Las bandas criminales en la comuna trece y en la nororiental, así como en otros sectores del área metropolitana, han hecho durante más de veinte años lo que les place. En efecto, las extorsiones, los desplazamientos forzados, las barreras invisibles, los homicidios continuados, las masacres, las disputas por plazas de vicio y el hurto en cualquiera de sus modalidades, son el pan de cada día en Medellín.

Las comunidades marginales están asustadas porque diario les toca padecer el rigor de la criminalidad. La desconfianza y el temor hacen eco de manera abrupta, nuestros niños ya no van a estudiar por evitar una bala perdida. Los jóvenes deportistas han dejado de entrenar, todo por no cruzar una barrera invisible que les proporcione un disparo en la cabeza. Y a los artistas les da miedo salir a sus espacios musicales ubicados en los hemisferios de las comunas. El arte, la cultura, la recreación y la pedagogía se ven lesionados por consecuencia de unos pocos desadaptados. ¿Lo debemos permitir? ¡Claro que no!

Recientemente, hemos conocido el asesinato aleve de un joven venezolano en el corregimiento de Altavista, luego observamos la nueva barrera invisible entre la América y San Javier, más tarde nos informaron de varios homicidios en la comuna Nororiental. Como si fuera poco, hemos visto la cifra oficial de que en 2019 ya superamos los cien homicidios y apenas estamos iniciando el mes de Marzo. Luego, ¿Cómo estaremos en diciembre?

Es por lo antecedente que el Estado debe obrar. Y para ello hay que articular una red de apoyo nunca antes vista entre los ciudadanos y la policía para neutralizar, en calidad de captura  a todos los bandidos que se han tomado la ciudad.  La cosa es sencilla: hay que capturarlos a como dé lugar. Además, debe integrarse un procedimiento idóneo con el que las capturas sean eficaces para evitar que el criminal quede libre. Y para esto es menester elaborar una recolección anticipada de pruebas que le permita a la justicia ponerlos a buen recaudo, pues el bandido no siempre será sorprendido en flagrancia. Y tampoco es factible que nuestras autoridades se esfuercen elaborando capturas para que la justicia los deje en libertad. Acá, el error es de procedimiento. Y ello urgentemente tiene que mejorar.

Adicionalmente, debemos implementar una mayor tecnología en la ciudad donde sea posible integrar la colaboración efectiva de la comunidad, para que nos permita combatir al crimen. La idea es que el ciudadano se convierta en una red de apoyo. Tenemos que devolverles la confianza legítima a todos los Medellinenses, porque el Estado debe someter al criminal, claro está, sin tolerar que el criminal someta al Estado.

Si queremos llevar programas sociales, recreación, arte y cultura, deporte, ciencia y tecnología a las comunas marginales, necesitamos garantizarles seguridad a nuestros jóvenes. Solo así evitaremos que se conviertan en un blanco atractivo para la criminalidad. Por su parte, a los criminales que no quieren dejar de delinquir y que son felices haciendo de las suyas, hay que desbaratarlos sin consideración.

La fórmula la tenemos clara: para generar oportunidades, previamente tenemos que garantizarles a los ciudadanos absoluta seguridad. ¡Por ello es menester acabar con todos los criminales en Medellín! 

@JuanDaEscobarC

 

Construir país

Saturday, 09 March 2019 00:00 Written by

Por: Juan David Escobar Cubides, columnista invitado

Persona es, un ente ficticio que tiene derechos y deberes. Así lo considera la legislación civil colombiana y no hay una definición más idónea que esta. Todo ser humano cuenta con unas prerrogativas inherentes a su esencia que, se salvaguardan a través de derechos legalmente regulados, bien sean estos fundamentales, sociales, civiles o políticos. Correlativamente, de la misma manera, se soportan algunas cargas que se traducen en deberes. He ahí el binomio de derecho y deber en medio de una relación intrínseca, que jamás es excluyente.  

La situación hasta este punto, desde una perspectiva teórica, se surte en pleno orden. Empero, el problema se presenta cuando las personas únicamente reconocen sus derechos para, irresponsablemente, ignorar las cargas que les asisten con los deberes legales, morales y sociales. Allí, es cuando surge el caos comunitario.  Luego, nos preguntamos: ¿Por qué surge? Principalmente, por dos razones. Primero, porque la respuesta a un derecho determinado siempre será un deber. Así pues, quien se ufane de tener derecho a una determinada situación, también debe soportar la carga de un correlativo deber. Segundo, porque quien solo ejerce los derechos desconociendo sus deberes, incurre plenamente en el anarquismo absolutista, toda vez que solamente utiliza aquello que le conviene, pero ignora lo que le es, o le debiera ser, de estricto cumplimiento. En dicho evento, observamos el doble rasero de las personas. ¡Grave problema!    

La antecedente ilustración la traemos a colación ya que aquella hace referencia a la realidad colombiana, pues en el país del sagrado corazón, el 90% de los ciudadanos  exigen respeto total de sus derechos, pero vaya y mire cómo actúan cuando de soportar deberes se trata. La “cultura del avispado” y del “vivo vive del bobo” nos ha afectado en dimensiones bíblicas. La mayoría de los ciudadanos exigen recibir ilimitadamente, pero sin contribuir con el deber. Exigen garantías plenas de salud y educación, pero no pagan honestamente los impuestos indispensables para ello. Asimismo, protestan por un ambiente sano, pero constantemente lo contaminan con su accionar. No siendo suficiente, anhelan dizque un cambio para la sociedad, pero les da pereza salir un domingo del año a votar.

¿Y así esperan vivir en el progreso y en la  transformación? ¿Será esa la democracia que queremos construir? Es importante recordarles que, el país los necesita. Por ello, no es factible convertir el ejercicio de nuestros deberes en una colcha de retazos, permeada de desidia, indiferencia e incumplimiento. Es importante que como ciudadanos comencemos por reflexionar sobre nuestra reacción frente a las cargas y deberes, porque el cambio es una constante construcción social que requiere del aporte de todos en general y no específicamente de unos o de otros. 

¡Cumplamos con nuestros deberes y construyamos país!

Nuestra reflexión para la semana: ¿Cuál ha sido tu aporte para construir progreso y tejido social en Colombia?

@JuanDaEscobarC

TAGS: (Derechos y deberes del ciudadano, participación ciudadana, democracia).

 

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Petro, defensor innato de Maduro

Friday, 01 March 2019 00:00 Written by

Por: Juan David Escobar Cubides, columnista invitado

La deplorable situación en Venezuela nos ha expuesto diversas realidades, verbigracia, la miseria absoluta, el hambre y la enfermedad ciudadana, la perversidad de Nicolás Maduro, la infamia del Cartel de los Soles, la cobardía corrupta de Diosdado Cabello, el estancamiento del sistema económico y productivo, pero, particularmente, la furia de Gustavo Petro en tanto el mundo entero arrincona verticalmente a su compañero, el narco-dictador.

Al parecer, haber acabado con una nación próspera, haber perseguido y encarcelado a los opositores, haber comercializado cocaína, haberse robado el dinero del petróleo, haber asesinado miserablemente durante varios años a la población enferma y hambrienta, y haber incinerado a dos camiones repletos de alimentos y medicinas necesarias en la ciudadanía vulnerable, no son para Gustavo Petro elementos de juicio necesarios tendientes a aborrecer al tirano. Para él ello es poco, porque quienes se ufanan de tener espíritu revolucionario aman el caos, la violencia y la destrucción. En efecto, ello es lo que ha hecho el narco-régimen venezolano.   

Y así lo consideramos porque, con total desfachatez hemos presenciado durante los últimos días, declaraciones adversas del líder de la “Colombia Humana” puesto que ha considerado inapropiadas las reacciones globales y nacionales dirigidas en contra de un dictador analfabeta. A Petro, sin duda alguna, le incomoda que se hable de intervención militar, injerencia humanitaria, asistencia social y derrocamiento del régimen dictatorial. ¿Y por qué le incomoda? Por tres razones: primero, porque fue el asesor económico del chavismo, y ello quedó probado con sus propios pronunciamientos en la red social Twitter, y con las declaraciones de su ex-amigo, Nicolás Maduro. Para Chávez, Petro fue un emulo digno de admirar. Segundo, porque hasta hace unos años Petro defendía con ahínco el socialismo destructor proliferado por los Castro y Chávez. Allí, el otrora integrante del M-19 sostenía dizque la conveniencia de dicho modelo de Estado por contribuir, según él, con el desarrollo social de los Estados. ¡Habrase visto un despropósito semejante! 

Tercero, porque claramente observamos que la intención de algunos líderes incendiarios de la extrema izquierda es, sabotear la buena posición y el liderazgo que ha tomado el Gobierno Nacional frente al particular, ya que contundencia es lo que le ha sobrado al presidente colombiano para despreciar la coyuntura actual de Venezuela. Así debe ser. No hay otra opción. Además, el Grupo de Lima liderado por el presidente Duque, ha sido el palo en la rueda para aquellos que quieren pavimentar sobre su sombra alguna aspiración presidencial.

Infortunadamente, en el juego sucio de la política hay quienes utilizan la estratagema de convertirse en una piedra en el zapato para destruir al adversario y adquirir adeptos, generalmente, no formados en el ámbito político. Y así gira el juego de Iván Cepeda y Gustavo Petro: han hecho populismo hasta rabiar, para confundir a los incautos sobre la necesidad de una intervención militar en Venezuela. Ello, claro está, con infundados tintes politiqueros.  

Ahora bien, ¿Creen objetivamente, analizando la situación, que es malo repudiar el accionar de Nicolás Maduro? ¿Consideran inapropiado levantar la voz en contra de dicho régimen genocida y arbitrario? ¿No les parece malvado quien se pronuncia con posturas a favor del régimen de Maduro, en vez de unirse al clamor generalizado que grita por la libertad y por el respeto de la dignidad humana? 

Sin embargo, hemos sostenido que, de lo malo siempre sobresale algún aspecto positivo: enhorabuena, bien sabemos por quien nunca debemos votar para que dirija los hilos de Colombia. Ya tenemos el lamentable espejo del vecino. ¡No lo podemos olvidar!  

@JuanDaEscobarC

 

La Casa de Vidrio

Monday, 25 February 2019 00:00 Written by

Por: Rafael Humberto Guerrero Jaimes, columnista invitado

“…Quien tenga casa de vidrio, no tire piedra al vecino…”

-Don Grim.

Tanto Venezuela, como Colombia, con sus gobernantes y dirigentes, tienen frágiles casas de vidrio, con una población totalmente polarizada. En Colombia una polarización ideológica de tipo asimétrico y en Venezuela una polarización simétrica y agresiva activa.

Sobre el escenario presente del “Conflicto bélico venezolano”, mi amigo médico nuclear Héctor Hernán Zamora Caicedo me manifestó con gran tino y sabiduría que “En toda guerra, el primer muerto siempre es la verdad”. Me impresionó la certeza y profundidad de la reflexión y consulté antecedentes históricos. Los encontré en relación con la Primera y Segunda Guerra Mundial. En 1917, el senador norteamericano Hiram Johnson expresó: “La primera víctima cuando llega la guerra es la verdad”. Más tarde, durante el segundo conflicto bélico mundial Winston Churchill anotó: “En tiempos de guerra la verdad es tan preciosa que debería ser protegida por guardaespaldas de las mentiras”.

Ahora, ¿Quién es cultor de la verdad? ¿Quién posee la verdad?

La respuesta es demasiado subjetiva y es elemental: Ambas partes tienen su propia verdad; veamos, bajo mi propio criterio:

En Venezuela, con la revolución bolivariana, Hugo Chávez Frías estructuró un gobierno “Socialista del siglo XXI”, que en principio el pueblo venezolano aceptó como “voto castigo” a unos partidos y a una clase política, democrática sí, pero corrupta y excluyente. Más tarde Chávez Frías al morir paso al mito del imaginario popular en un 50 % del pueblo patriota. Su sucesor Nicolás Maduro, sin el talante estadista de Chávez convirtió el citado socialismo, en un desordenado y corrupto populismo, sin ideología clara, permeado por la corrupción y posiblemente por el narcotráfico-no tengo ilustración temática-, y dado el sentido excluyente de gobierno y su carácter represivo, se convirtió el presidente Maduro en un sátrapa, soportado por menos de la mitad de los venezolanos y odiado por la inmensa mayoría de ellos. El escenario presente es una simple antesala a por lo menos una guerra civil entre los venezolanos polarizados o más grave un forcejeo entre potencias militares y dominantes de la aldea global…Sin embargo

…Sin embargo Maduro tiene su verdad: Una elección presidencial, con un manto de duda sobre fraude, que pone en tela de juicio su legitimidad y posee el régimen venezolano una constitución política como guía. Sobre el tema las naciones del mundo han tomado partido a favor, a contra, o se han declarado neutrales. En Colombia y en la mayoría de la aldea global vemos con temor las actuaciones excluyentes y represivas de Maduro contra su pueblo y lo consideramos perverso. Aquí recuerdo lo que siempre ha señalado la historia de manera juiciosa: “Las revoluciones terminan por devorar a sus propias criaturas”.

En cuando a un conflicto mundial por intervención de EE.UU y Rusia en el conflicto bélico Venezolano, es una “Espada de Damocles” presente sobre la región, que debe tomarse muy en serio, con algunas consideraciones: Rusia con Putín, defensores de Maduro, de manera subrepticia al principio y de frente después, establecieron sus bases militares en Venezuela, ante la hasta ahora estaticidad de los EE.UU. Es decir, Rusia ganó la primera partida del ajedrez mundial al correr la línea geopolítica de influencia militarista del Asia a America del Sur. Donald Trump, en plena campaña electoral contra los fuertes candidatos demócratas a la presidencia, tiene un complejo reto de intervención o no en el escenario venezolano. Putin seguramente espera, dado que el balón por ahora está en campo norteamericano.

La intervención de Colombia, como plataforma norteamericana de guerra, ahora con las ayudas humanitarias, no resiste mayor análisis. El gobierno Duque ganó su elección con el mensaje: “Si no votan por nosotros el comunismo se apoderará de Colombia y nos volveremos como Venezuela”. Y sigue en campaña la yunta Uribe-Duque, con la ventaja, que todo éste escenario presente de la frontera colombo-venezolana servirá como cortina de humo para amortiguar la “carga del ventilador” de la corrupción Odebrecht-Aval, en la que están involucrados buena parte de la dirigencia política y empresarial de Colombia.

Reitero: ¿Quién tiene la verdad? Es evidente la corrupción y represión del gobierno Maduro, que no cuenta con un respaldo manifiesto popular y también es claro el sufrimiento del “Bravo Pueblo”. Además están presentes elementos y variables globales, que pueden, Dios no quiera, desencadenar en un gran conflicto global. Esperemos que la verdad favorezca por vía pacífica al hoy sufrido y vulnerable pueblo venezolano. Por ahora solidaridad y más solidaridad con los “Hermanos Patriotas”.

 

Metástasis en la salud colombiana

Saturday, 23 February 2019 00:00 Written by

Por: Juan David Escobar Cubides, columnista invitado

En metástasis se encuentra el sistema de salud colombiano por consecuencia de la repugnante corrupción. Recientemente, la fiscalía general de la nación sostuvo que el hueco económico equivale a un billón de pesos. ¿Qué pasó allí? Sencillo: ¡Se los embolsillaron algunos para saciar sus ambiciones de riqueza! ¿Y quiénes son los responsables de ello? Más sencillo todavía: Las mafias de las EPS, sus gerentes y algunos de sus compadres asignados en las cajas de compensación. Lo grave es que así llevamos más de veinte años sin que ocurra absolutamente nada, porque, nos parece normal que en Colombia la corrupción esté infestada. Lo que nos demuestra que somos un país poco serio, plenamente sumergido en la indiferencia, en la desidia y en la inmundicia humana.

¿Y por qué decimos que son los responsables? Básicamente, por tres razones: primero, porque los gerentes hacen y deshacen sin conocer límites ni controles, cuales potenciales rufianes, sedientos de dinero y poder. Segundo, porque administran de manera ineficiente el personal y los recursos para optimizar el funcionamiento en cobertura y calidad. Tercero, porque además de lo anterior, gozan de funciones omnímodas que les permiten contratar a dedo, sin atender el más mínimo ápice de legalidad y transparencia en los procesos de selección. Como si fuera poco, las auditorías son ineficientes, toda vez que, algunas veces, se benefician directamente de las dádivas otorgadas por los gerentes de las EPS. Lo grave es que ello lo hacen, soezmente, en complicidad con las directivas de la caja de compensación. Así, presenciamos una red organizada, la cual debemos desarticular con basto rigor. ¡Se trata de criminales de alta peligrosidad!

Pero, sabemos que la situación es espuria dado que las redes criminales enquistadas en el sistema de salud son un cáncer semejante al terrorismo nacional. Y es así como comprendemos que el terrorista es igual de nefasto al corrupto incrustado en el sistema de salud colombiano: ambos ocasionan genocidios, pero de diferentes maneras. El primero, toma las armas para asesinar a la población con ambiciones de poder. El segundo, se roba los recursos sagrados, únicamente por llenarse sus malditos bolsillos, condenando así a morir a miles de personas que no pueden acceder a un medicamento de calidad o a la prestación de un servicio eficiente, óptimo y oportuno.

¿Encuentran, ustedes, alguna diferencia entre el uno y el otro? ¡Pues no la busquen, porque no la hay!

No siendo ello suficiente, no deja de inquietarnos que, en materia de salud las contrataciones sean perversas, las nóminas directivas poco preparadas y los medicamentos un burdo negocio impetrado por quienes dirigen los deplorables regímenes contributivo y subsidiado. Aunque, lo realmente reprochable es que, ante semejante genocidio comunitario, sean, precisamente, los subdirectores de salud y los presidentes de algunas cajas de compensación y de unas cuantas EPS (Personas supuestamente formadas en principios y valores) quienes pasen de agache por esta triste realidad, todo por miedo a ser removidos o despedidos de sus cargos. Entretanto, los ciudadanos padecen la ignominia de enfermarse y fallecer, mientras esperan meses, y, a veces años, por una miserable cita de 30 minutos o por una vadeable remisión con un especialista de la salud. ¡Qué desvergüenza ser cómplice de ello!  

Adicionalmente, encontramos cada vez más a infinidad de médicos quejándose de las condiciones de explotación que padecen en las EPS: les pagan mal o no les pagan puntualmente, les doblan el turno laboral de manera arbitraria, los obligan a trabajar el doble y los envían a cumplir intensos servicios en otros municipios por el mismo sueldo. Y es que, con esos salarios tan paupérrimos que padecen los médicos generales, ¿Cómo pretenden que funcione idóneamente el sistema? 

Finalmente, resulta inadmisible que, los directores de la EPS y de las Cajas de Compensación, así como los subdirectores de salud, soporten un común denominador: no tienen idea alguna sobre el sistema de salud, ni conceptual ni funcionalmente, y devengan millonarios salarios. Ello es, lo que merece toda nuestra atención, porque estas entidades deben ser dirigidas por gerentes responsables, que se caractericen por ser conocedores indiscutibles de la materia, y no por torpes figurines de moda analfabetas del tema.

¡Desafortunadamente, en tanto sigamos así, nuestro sistema no progresará!

@JuanDaEscobarC

 

Informalidad laboral

Thursday, 14 February 2019 00:00 Written by

Por: Juan David Escobar Cubides, columnista invitado

Reveló el Dane que la tasa de informalidad laboral del 2018 en Colombia se posicionó en un nefando 48.2%. Según la entidad, en ciudades como Santa Marta, Cúcuta y Sincelejo existe una proporción mayoritaria de actividad informal, pero en ciudades como Medellín, Bogotá y Manizales aquella se ha registrado minoritariamente. De la misma manera, manifestó la entidad que el desempleo juvenil se ubicó en un desastroso 16.6%. He ahí el problema.  Además, expresó que los ámbitos de ocupación en empleo para los jóvenes radican en actividades de comercio, hoteles, restaurantes, agricultura, ganadería, caza, silvicultura, pesca, servicios sociales, comunales y personales. Contrario sensu, expuso que las actividades empresariales, inmobiliarias y de alquiler contribuyeron negativamente en la generación de empleo. ¡Qué horror!

Presenciamos una preocupante situación porque la empresa privada no ha logrado satisfacer la demanda laboral que surge dentro de la ciudadanía. El tiempo transcurre y, con este, son los jóvenes profesionales, técnicos y tecnólogos quienes padecen la desgracia de someterse a oficios diferentes que, para nada están relacionados con su conocimiento. Y esto se presenta, específicamente, por la carencia de oportunidades. ¡No le busque más!

Estamos formando a desempleados muy calificados y por ello recaen en la huestes de la informalidad. Y ello es, sencillamente, nocivo para un Estado Social, dado que los nuevos profesionales se preparan de manera juiciosa, para aspirar a buenas condiciones laborales que les brinden estabilidad y bienestar, pero, infortunadamente ni con un posgrado o maestría, pueden gozar de esa mínima garantía social.

Nadie se esfuerza estudiando carreras de alta complejidad para irse a administrar un local de empanadas, ni para repartir en cadenas alimenticias carne y pescado al vacío, mucho menos, para terminar de guía turístico en algún hotel de la ciudad. Los ciudadanos y jóvenes en general requieren oportunidades serias de empleo donde puedan crecer profesionalmente, ejerciendo por pura vocación la profesión que han elegido. No tienen, entonces, porqué terminar en otras actividades. ¡No faltaba más!

Y es que Colombia es un país con un magnífico capital humano para explotar y uno de ellos es el emprendimiento, pues bien sabemos que colombiano que se respete siempre cuenta con la creatividad necesaria para darle apertura a alguna actividad empresarial. Ello está probado, pero requieren de una mayor gestión asistencial por parte del Estado. Es decir: más apoyo económico para darle apertura a la actividad industrial. 

Tenemos claro que, el emprendimiento permite darle un impulso positivo a cualquier actividad económica, encaminada a generar empleo de calidad. Pero, para que ello ocurra es de vital importancia incentivar la inversión privada y la autonomía de la voluntad.

¿Y esto cómo lo logramos? Únicamente a través de dos vías: la primera, disminuyendo la tasa impositiva a los empresarios colombianos, para que puedan ofrecer mejores condiciones laborales y salariales a todos los profesionales. La segunda, generando vías de acceso crediticias con una tasa de interés mínima a todos aquellos emprendedores que presentan una idea viable de negocio, pero que carecen de capital para iniciar. Si nuestros dirigentes procedieran en consecuencia, sin duda alguna, obtendríamos un pleno bienestar social. Empero, nunca lo han hecho, porque pareciera no interesarles mutar esta triste realidad.   

Si hacemos lo propio golpeamos con dureza la despreciable informalidad. Estamos más que seguros de ello. ¡Debemos proceder con prontitud; el país lo necesita!

@JuanDaEscobarC