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Improvisación ministerial

Friday, 10 May 2019 00:00 Written by

Por: Juan David Escobar Cubides, columnista invitado

No obstante, el ineficiente trabajo de algunos ministros, ha sido pertinente el esfuerzo del presidente Duque para impulsar su agenda nacional sin repartir mermelada legislativa. Y es que, por excelencia, la función del Congreso de la República radica en ejercer la labor de control al ejecutivo, sin exigir dádivas, prebendas, contratos, coimas, y, canonjías para aprobar los proyectos. Pero, infortunadamente, un sector relevante de nuestros “Padres de la Patria” pareciera desconocer, o peor aún, aborrecer su función natural. ¡Están sedientos de dinero y poder!

Aunque más allá de lo antecedente, lo grave del asunto es que, queramos o no, es un hecho objetivo que varios ministros se están rajando en su labor: la inexperiencia política, el desconocimiento, la inseguridad y, la ineficacia han permeado sus medianas gestiones. Entretanto, no se han adelantado los ajustes necesarios. Los ministros de las carteras más relevantes pecan por inocentes, otros por confiados: pareciere que algunos creyeran que servirle al país, es semejante a dictar cátedra en una universidad, donde los involucrados son alumnos primíparos que desconocen la disciplina que están estudiando. ¡Vaya error!

Acá la situación es diferente porque en vez de alumnos novatos, a quienes toca capotear, es a un cardumen de congresistas feroces, altamente entrenados en el juego político. Además de estar ávidos de poder. Lo que les exige a los ministros contar con un nivel de probidad y eficiencia mayúscula para sacar avante la ambiciosa agenda nacional. Para la muestra un botón: se han hundido proyectos como la anhelada reforma a la justicia, las objeciones a la JEP, la conexidad de delitos sexuales con delitos políticos, la importantísima reforma política, y las leyes anticorrupción. La mayoría por errores de comunicación política y por imperdonables salidas en falso.

Ahora bien, creemos que parte importante de los proyectos anteriormente mencionados, eran menesteres fundamentales para retomar el rumbo del país. Sin embargo, muchos de ellos se hundieron por pura carencia de liderazgo. A la ministra Gloria Borrero le quedó grande elaborar una exposición seria sobre la necesidad urgente de adelantar una reforma al aparato judicial; y a la ministra Nancy Patricia Gutiérrez, la arrastraron hasta el abismo, los líderes de la oposición ungidos en diversas colectividades. Todo se lo han hundido: ¡Hasta la conciencia!

El efecto es nocivo porque, la crisis de gobernabilidad crece como una bola de nieve, en tanto algunos congresistas incendiarios planean, cada vez más, varios golpes contundentes para desestabilizar la gestión del Gobierno Nacional. Lo que nos obliga a preguntarnos: ¿Hasta donde vamos a llegar? ¿Qué ocurre que no se efectúan las modificaciones requeridas en los ministerios? ¿Por qué no darle la oportunidad a otros servidores probos que pueden hacerlo mejor?  

Presidente Duque: La situación es precaria, continúe firme ante la negación de mermelada, pero realice los ajustes en su gabinete. ¡A estas alturas no estamos para pañitos de agua tibia!

@JuanDaEscobarC

 

Todos contra Duque

Friday, 12 April 2019 00:00 Written by

Por: Juan David Escobar Cubides, columnista invitado

Desestabilizar la gestión del presidente Duque ha sido la tarea de algunos políticos incendiarios que, pretenden pavimentar sobre sus cenizas la anhelada toma del poder (2022). Sumado a ello, la negación de mermelada es, actualmente, la causa de algunos congresistas para convertirse en un palo en la rueda. La idea de dichos sujetos- en su gran mayoría de ingrata procedencia- no es elaborar una oposición propositiva y constructiva, sino despedazar cualquier iniciativa presentada por el Gobierno Nacional. Y así asumen la cuestión: sesgados por el odio y el rencor. ¡No le busquen más!

Acá el asunto es meramente ideológico, dado que, el debate no puede elaborarse desde lo inferior, verbigracia, insultos, virulencias y difamaciones, sino, resaltando la importancia de lo superior: las ideas, los proyectos y las propuestas, porque, elaborar control político es la función inherente de todo Congreso, siempre y cuando se haga con seriedad y responsabilidad, ignorando cualquier apasionamiento irracional, que, ponga en riesgo efectivo los intereses superiores de la patria.   

Infortunadamente, algunos “dirigentes” confunden el ejercicio de una labor idónea de control, para arremeter contra aquel que consideran su verdugo. Y es acá donde se presenta el problema: deplorable rezago observar al presidente de la república como un bribón, únicamente por oponerse a la repartija de puestos, prebendas y contratos. Lo antecedente nos demuestra que nuestra clase política, mayoritariamente, está más que podrida. ¡Qué dolor!  

Como si fuera poco, hay quienes sostienen en los mentideros políticos que, bajo la mesa se ha pactado un despreciable acuerdo en el Congreso, consistente en entorpecer la labor del Gobierno Nacional, con el fin de debilitarlo sustancialmente, pues el legislativo fungiendo como junta directiva del ejecutivo central, cuenta con las facultades necesarias para devastar a la gobernabilidad. Tal cual, ello es lo que estamos presenciando. Para la muestra un botón, vale la pena mencionar a Vargas Lleras, aquel ex- vicepresidente de ingrata recordación, que agarraba a madrazos a sus subalternos y, que, además de ello hacía campaña con las obras de infraestructura, ejecutadas con el dinero del erario. Para nuestro fortunio, aquel hombre déspota, pendenciero y autoritario se quemó.

¡Un sujeto así no podía llegar al poder!

Ahora, el tristemente célebre Vargas Lleras, ha emprendido la tarea de rebuscarse proyectos inviables para hacerle contraposición al presidente que, electoralmente lo derrotó. Y para ello ha utilizado a la colectividad con más cuestionamientos por corrupción en Colombia- Cambio Radical- con miras a lograr su propósito. Pero, con tan mala suerte que algunos de sus discípulos se le han salido de las manos. Adicionalmente, para agravar la crisis, ciertas encuestas de favorabilidad no le han ayudado al presidente Duque. Y, hasta ahora, no se han elaborado los ajustes ministeriales necesarios para enfrentar el riesgo de gobernabilidad que se presenta.

Creemos que el Gobierno actual requiere de ministros probos y experimentados que sepan sortear las adversidades provenientes de un Congreso enfurecido y ávido de mermelada. Es así como urge realizar las respectivas modificaciones en algunos despachos del gabinete, dado que, en tanto no se haga lo propio, incrementará el caos para el Gobierno Nacional.

Valoramos el talante del presidente Duque para acabar con la nefanda mermelada, pero para ello hay que reunir un vigoroso grupo de ministros que tengan conocimiento de la causa. Por ello, consideramos que los ministros no pueden ser únicamente académicos, pues también es fundamental que sean políticos entrenados para contrarrestar el malsano ejercicio de lo público. Principalmente, cuando sabemos que Colombia es un país difícil de gobernar, por consecuencia del Congreso Nacional, espurio y desprestigiado como el que más.

@JuanDaEscobarC

 

 

 

"El pueblo superior a su dirigencia" El caudillo Jorge Eliécer Gaitán

Monday, 08 April 2019 00:00 Written by

Por: Rafael Humberto Guerrero, columnista invitado

Jorge Eliécer Gaitán, fue sin duda para Colombia el “Caudillo del Pueblo” por antonomasia. Tenía el gran dirigente liberal, las características positivas de los caudillos: liderazgo manifiesto; poder de convocatoria; el don de la palabra; magnetismo en su presencia; contacto directo con las masas populares; voluntad de servicio y clara tendencia hacia la promoción de todo tipo de reivindicación social. Recordemos también, que los caudillos, tienen casi siempre una inclinación mesiánica y tienden con frecuencia hacia el populismo. Pero Gaitán era un caso “sui generis”, aglutinó en torno suyo a las clases populares, sin distingo de etnia, credo o partido político. Ahora al cumplirse 71 años de su magnicidio por Roa Sierra, recordemos retazos de su gesta.

Decía Gaitán: “No soy un hombre, soy un pueblo”. Sus consignas, despertaban la pasión y el fervor popular; así: “Más vale una bandera solitaria clavada en una cumbre, que cien banderas extendidas sobre el oro”: Y esa inmortal frase, en su oración al pueblo venezolano: “Pueblo del caribe, yo vengo de un gran país, donde el pueblo es superior a su dirigencia”.

Gaitán organizó su movimiento político el UNIR, con “los marginados de todos los tiempos”, pienso que con la clase media también, para emprender, según su lema la “Restauración Moral” del país, su lucha frontal contra las oligarquías liberales y conservadoras: “Nada de violencia, fuerza contra la violencia”.

Era Jorge Eliécer Gaitán un excelente, un maravilloso orador (por su tono y contenido). Fue también un magnifico abogado. Al primero, al orador, lo tenemos vigente por su voz, grabada en las colecciones de “Caudillos y Muchedumbres”. De allí, se escucha el grave eco de sus palabras: “… Y nos sentimos muy orgullosos de ésta vieja raza indígena, y despreciamos a esas oligarquías, que nos ignoran y piensan que pueden seguir jugando con los dados de su actividad, sobre las túnicas de nuestro patriotismo”.

Particularmente, nunca me ha gustado las palabras: moral, patriotismo. Prefiero los conceptos de ley, estado social de derecho, nación, familia. Quiero la libertad de expresión, por encima del orden institucional, y prefiero el cambio y la flexibilidad, a la ortodoxia y a la normatividad. Pero entonces, eran otros tiempos, otros escenarios políticos; otros líderes y otros teatros de acontecimientos, con otros espectadores, eso sí, con las mismas dolencias: marginalidad, opresión, y exclusión de las oportunidades para los más vulnerables.

Siempre, me he preguntado, si yo hubiese sido gaitanista en su tiempo. Tal vez no. Era demasiado mesiánico y populista el caudillo, para mi querencia. ¿Y qué hubiese pasado con un Gaitán moderno, en nuestro tiempo? Con absoluta certeza, también hubiera muerto sacrificado, como Galán Sarmiento y tantos más.

También recordamos a Gaitán como abogado; por ejemplo por su excelente defensa al teniente Cortes o por su debate sobre la masacre de las bananeras. También lo recordamos, como político por sus “Ideas – Fuerza”, dado que en ellas radicaba su razón, su pasión, su verdad y su poder. Ya lo expreso Alfonso López Michelsen: “Las revoluciones acaban por devorarse a sus criaturas”.

La lectura como política pública cultural

Friday, 05 April 2019 00:00 Written by

Por: Juan David Escobar Cubides, columnista invitado

“Seamos razonables y añadamos un octavo día a la semana dedicado exclusivamente a leer”. Lena Dunham. Sabia y razonable frase de la guionista, directora y actriz estadounidense.

La lectura es el espacio sagrado dentro del universo para aprender a pensar, para formar a mejores personas, pero, principalmente, para desarrollar una sociedad culta. Entonces: ¿Cómo no incentivar el amor por la lectura? Si aquella es la que nos garantiza bienestar, formación, conocimiento, armonía, convivencia pacífica e inclusión social dentro del planeta. Y así lo consideramos porque, generalmente, quienes leen constantemente se caracterizan por ser buenas personas, dado que,  siempre gozan de una cosmovisión diferente sobre las cosas, la cual puede aportar significativamente para el aprendizaje de los demás.

Un lector asiduo siempre está llamado a interpretar los fenómenos de la realidad, porque su ejercicio de lectura, indefectiblemente, lo motiva a cumplir dicha función. Y es acá donde encontramos un aspecto positivo, el cual es, estar determinado a analizar; analizar lo que nos inquieta, lo que nos incomoda, lo que nos atrae, o lo que nos produce estupefacción. Observamos, entonces, que el ejercicio de analizar nos obliga a pensar, y el ejercicio de pensar nos motiva a transformar todo aquello que consideremos inidóneo para nuestra sociedad. De allí comprendemos la función sagrada de la lectura: ¡Nos permite transformar realidades!

Es por lo antecedente que, dentro de los asuntos públicos debiera ser una prioridad incentivar el ejercicio de la lectura, hasta el punto de establecer dicha actividad como una política pública cultural, para el desarrollo humano integral de la sociedad. Lo que hasta ahora no se ha hecho. Más aun cuando en abril del 2018 conocimos, según la encuesta nacional de lectura, que el número de libros leídos al año por los colombianos que sí leían, era de 5.1, mientras que el de la población total era de 2.7 libros al año y el de las cabeceras era de 2.9. Lo cual nos ha arrojado un panorama aparentemente alentador, pero que está llamado a mejorar muchísimo más.

Nuestra propuesta para ello es, establecer la descentralización de las grandes bibliotecas, en la medida en que aquellas no se queden únicamente en las ciudades capitales, sino que, se extiendan también para las zonas rurales que han sido víctimas de la violencia, de la marginalidad y del abandono institucional. Tenemos certeza de que a muchos de nuestros jóvenes campesinos les gusta la lectura, pero no cuentan con el espacio propicio para ello. Es por esta razón, que debemos motivarlos brindando total apertura con escenarios óptimos para el desarrollo cultural. 

¡Que nos falte de todo, menos la comida, un techo y un buen libro para leer!

@JuanDaEscobarC    

 

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El Tochecito Valiente (Sentido de pertenencia)

Tuesday, 02 April 2019 00:00 Written by

Por Rafael Humberto Guerrero Jaimes, columnista invitado.

En el Norte de Santander como identidad emblemática con el “doblemente glorioso” Cúcuta Deportivo existen dos especies de pajaritos rojinegros. Uno primero de mediano tamaño, con los colores carmesí y sombra bien vivos y con su pico de plata, y así lo denominan. Su hábitat es el clima medio, en pueblitos próximos a la capital, como Puerto Santander, el antiguo Gramalote y Salazar de las Palmas. El segundo pajarito rojinegro, es bien pequeño, y su hábitat son las riveras del rio Pamplonita urbano. Este segundo pajarito, el “tochecito” es el protagonista de nuestra historia. Antes de relatarla es pertinente anotar, que el ave distintiva de los cucuteños era el toche. Un pájaro de mediano tamaño, come guayabas (“es pelea de toche con guayaba madura”) y de color amarillo y negro, desaparecido hace rato del entorno.
La historia: Un pajarito rojinegro “tochecito”, David Santiago los llama “Edilberto”, vivía en un relicto de bosque tropical localizado en el Malecón, en sector urbano del rio Pamplonita. Aquel rio de la canción “…Ay, ay, ay, si las ondas del rio, supieran de mi pasión, le contaría luz de mi vida, los inmensos pesares del corazón…”.
En San José de Cúcuta el clima es bien, pero bien ardiente, y el brillo solar muy intenso; caldo de cultivo especial para los incendios espontáneos o antrópicos, en épocas de fuertes veranos. Y así paso. Un buen día de agosto se incendió el bosque-hogar del “tochecito”. Y claro toda la fauna del micro ecosistema salió huyendo “a tizón ventiao”. Así partieron despavoridos: ardillas, zorritos y faras; iguanas, camaleones y lobatos; garrapateros, halcones peregrinos, águilas de paso y loritos; azulejos, ciotes y palomas monjitas, también las aves migratorias visitantes del rio, como las garzas blancas, azules y negras. Todos huyeron, menos el “tochecito”.
El pajarito rojinegro se angustió, pero pensó: “este es mi hogar, mi territorio; aquí vive mi familia, aquí haré mis nidos y nacerán mis pajaritos” y con valentía de kamikaze, se sumergió en las aguas del rio, y con sus alitas mojadas sobrevoló la candelada y dejo caer unas cuantas góticas, sobre el fuego para coadyuvar a mitigarlo. Y así una y otras vez, hasta agotar sus energías. Entonces el Señor de los cielos y de la lluvia, se conmovió de su esfuerzo, y dejó caer un fuerte aguacero, que apagó en un dos por tres el incipiente incendio. Todos los animalitos regresaron al bosque, y el “tochecito”, el más feliz, conservó su bajo perfil muy orgulloso de sus colores y de su bosque-hogar.
El “tochecito”, tenía sentido de pertenencia. Esta historia, me recuerda a los cucuteños de la generación de 1875, cuando un gran desastre borró literalmente del mapa la ciudad. Un violento terremoto destruyó el ciento por ciento de las viviendas y mató al cincuenta por ciento de la población. Entonces esos fantásticos sobrevivientes, reconstruyeron una nueva ciudad, como el ave Fénix, sobre sus propias ruinas. También tenían sentido de pertenencia.

Objetivos del desarrollo sostenible

Friday, 29 March 2019 00:00 Written by

Por: Juan David Escobar Cubides, columnista invitado

El desarrollo sostenible lo definimos como la capacidad de satisfacer las necesidades de la generación presente, sin perjudicar la capacidad de satisfacción de las necesidades de la generación futura. Es acá donde encontramos una doble finalidad: la primera, contribuir con el desarrollo de los habitantes del presente; y la segunda, contribuir con el desarrollo de las generaciones venideras. Observamos un primer objetivo que es la propensión del bienestar general, toda vez que se busca desde una óptica temporal (presente y futuro) no solo beneficiar a unos, sino a todos. Es allí, donde aparece la sostenibilidad en el tiempo. Lo que es más que positivo para el desarrollo de un Estado Social.

Encontramos que, cualquier política pública debe ir en sintonía con el desarrollo sostenible para que cuente con eficiencia, eficacia  y efectividad en la práctica. Y esto cobra mayor relevancia porque, las políticas públicas de seguridad, vivienda, salud y educación deben ser prolongadas para la tranquilidad y el desarrollo del conglomerado social. Esto es, precisamente, lo que debería obligar a los gobernantes de turno a continuar con todo aquello que resulte positivo para la sociedad, sin importar la relación política que lleve con su antecesor.  Propiamente, nos referimos a combatir el efecto Adán y Eva, el cual es, creer que todo inicia cuando uno llega y que todo se acaba cuando uno se va. ¡Nada más nocivo para nuestra democracia!  

Por lo antecedente, consideramos que los gobernantes del mundo contemporáneo deben comprender tres aspectos fundamentales: el primero, que hay que continuar y fortalecer  lo beneficioso que han heredado del gobernante anterior. El segundo, que hay que corregir lo que no está funcionando bien, sin acudir con sectarismo al espejo retrovisor. El tercero, que hay que distanciarse de las vanidades personales, según las cuales, no se continúan con las obras idóneas para el desarrollo económico y social de un territorio, únicamente porque estas fueron ideadas e impulsadas por el antecesor político que, generalmente, milita en toldas diferentes a las suyas. Por el contrario, debe trabajarse, siempre, para lograr los objetivos del desarrollo sostenible, los cuales son: el crecimiento económico, el bienestar social y la protección del medio ambiente.

Frente al crecimiento económico es vital comprender que, la economía es una construcción continuada en el tiempo, en la que se requiere del aporte de todos. No basta únicamente con las medidas positivas de un alcalde, gobernador o presidente de turno para crecer, sino que es menester echar mano de los aspectos positivos de los antecesores. Acá la cuestión supera cualquier rezago ideológico. Frente al bienestar social, debemos asumir que los derechos sociales como salud, vivienda y educación solo son sostenibles si los desarrollamos como políticas públicas de Estado prolongadas en el tiempo, y no como meras políticas de gobierno. Frente a la protección del medio ambiente, debemos satisfacer los retos de la sostenibilidad ambiental, los cuales exigen implementar políticas del futuro, para largos años y no para someros turnos. Y a todo lo anterior, hay que sumarle voluntad política, rigor y profundidad. Solo así podremos satisfacer los objetivos del desarrollo sostenible para crecer como nación.

Nuestro mensaje es claro: la gobernabilidad está llamada a superar cualquier lucha ideológica, porque el esfuerzo debe concentrarse puntualmente en la satisfacción de las necesidades del conglomerado social. Y no en devaneos políticos carentes de fondo y de estructura.  La política del nuevo siglo no puede emular las formas impetradas por los líderes conservadores y liberales del siglo XX. Ello está mandado a recoger. Ahora solo es factible pensar en la armonía absoluta de la nación.

¡La política nos solicita anteponer la razón sobre el apasionamiento!

@JuanDaEscobarC      

 

Vicenta María

Wednesday, 27 March 2019 00:00 Written by

Por Rafael Humberto Guerrero Cecilia Jaimes, columnista invitado


Hace muchos años, en 1885, un jefe indio norteamericano, envió una carta al presidente Franklin K Pierce, en respuesta a su solicitud de compra de las llanuras habitadas por las comunidades indígenas del Oeste americano. Cita el jefe Sealthl: “¿Cómo se puede comprar o vender el cielo, el calor de la tierra? Es ésta idea extraña para nosotros. Hasta ahora nosotros no somos dueños del aire, ni del resplandor del agua. Cada espina de brillante pino, cada orilla arenosa, cada bruma en el oscuro bosque, cada claro y zumbador insecto es sagrado en la memoria y en la experiencia de mi gente. Nosotros sabemos que el hombre blanco no entiende nuestras costumbres. Para él un pedazo de tierra es igual a otro. La tierra no es su hermana, sino su enemiga y cuando la ha conquistado sigue adelante…”.
En éstas palabras están matizadas de la belleza descriptiva de un pensamiento “químicamente puro” y también nos muestran la angustia por el futuro de las próximas generaciones de su raza. No escapó al nativo norteamericano, el “poder depredador” del hombre blanco y su capacidad de agresión hacia el medio ambiente.
Ahora, 127 años más tarde, otra indígena colombiana, Vicenta María Siosi Pino, de la comunidad Wayuu, clan Apshana, envía una carta al presidente Juan Manuel Santos, en la cual describe con “alma, corazón y vida”, las costumbres de su pueblo, y los beneficios que reciben del río Ranchería, ante la inminencia de una depredación ambiental consentida por el gobierno colombiano, con motivo de la producción salvaje de minería en el Cerrejón. Así se expresa Vicente María en su misiva: “la gente de aquí viven de pescar en el río con atarrayas artesanales, aun los niños pescan lisas, bagres, bocachicos, camarón y son nuestro alimento. Las mujeres recogen cerezas, iguarayas, mamoncillos cotoprix, coas silvestres y las venden por las calles de Riohacha.” Y añade: “El Ranchería es el único río de los Wayuu. La única corriente de agua que atraviesa éste territorio ancestral dando vida a nuestra vida”. Y termina con una clara petición: “Por favor no permita que la empresa extranjera Cerrejón destruya el acuífero que mantiene el Ranchería y seque la fuente de la única agua que poseemos”.
No sé si el presidente Santos recibió con sentido de pertenencia el “bastón del buen gobierno” de los mamos de la Sierra Nevada. Allí en esa entrega estaba implícita la sustentabilidad. Quiere esto decir: la armonía y el equilibrio hacia la conservación de nuestros ecosistemas, más aún cuando se trata de un sistema biológico madre de la comunidad Wayuu.
Entonces, de Pierce a Santos; del jefe Seathl a Vicenta María; dos voces del corazón de la tierra; dos escenarios diferentes y otros actores, pero la misma angustia, idéntico afán, ese sentido clamor por conservar puro lo puro. Antes, la nueva civilización del hombre blanco, con su caballo de hierro. Ahora otra locomotora, la de la minería. Ambas depredadoras, nocivas, con afectaciones negativas. Pero las palabras de Vicente María no pueden perderse en el aire, ni su carta debe ir al baúl del olvido. Es necesario un apoyo total a su causa y un gran llamado de atención al gobierno nacional, para que en su afán productivo, no contamine, ni deprede nuestros ecosistemas, fuente de vida, tanto para los Wayuu, como para todos los colombianos

Incentivar el emprendimiento

Friday, 22 March 2019 00:00 Written by

Por: Juan David Escobar Cubides, columnista invitado

Una de las tareas de los gobiernos en el mundo contemporáneo es, sin lugar a dudas, incentivar, apoyar y auxiliar cualquier acto de emprendimiento, en tanto aquel sea viable para el crecimiento de la economía. Y así lo consideramos porque, crear empresa en Colombia es un arte complejo que debe valorársele a quien tiene la osadía de hacerlo, pues no es fácil asumir la decisión de renunciar a la estabilidad de un empleo bajo vinculación laboral, para impulsar un negocio propio y diferente.

Y es que iniciarse como empresario en Colombia es un reto que amerita el ejercicio de todas las aptitudes brillantes de la condición humana: liderazgo, trasparencia, visión, organización, perseverancia, coherencia, educación, pero, sobre todo, mucho riesgo. Es acá donde tocamos la palabra clave, la cual es, arriesgarse. Arriesgarse a ganar o a perder, a triunfar o a fracasar. Así transcurre la situación. No obstante, es muy común fracasar en el emprendimiento. Y para evitar cualquier tipo de fracaso, consideramos que es menester ejercer algunas estrategias enfocadas al logro y a los resultados, pues precisamente por ser una determinación riesgosa es que es de magna trascendencia auxiliar al emprendedor en el desarrollo de su actividad económica. La idea es que triunfe, no que decline. Esto nos conviene a todos.  

Y se preguntarán: ¿Por qué debemos apoyar a los emprendedores? Porque quien emprende genera empleo, y quien genera empleo aporta positivamente para el crecimiento económico de su país. De esta manera, se construye estabilidad y bienestar social en la población. Esto es, lo que inexorablemente contribuye para el desarrollo humano, económico y social de un conglomerado. Lo más importante es que así mejoramos la calidad de vida de todos los ciudadanos. Y cuando esto ocurre golpeamos fuertemente a la violencia y a la corrupción. ¡Así de sencillo!

Por el contrario, generamos productividad, competitividad y rentabilidad en el país. Todos sabemos que esto es lo que necesita una economía vigorosa y saludable para mantenerse en un nivel idóneo de sostenibilidad y crecimiento continuado. Además, toda política social de un Estado debe ir de la mano, en sintonía y en consonancia, con la empresa privada. No hay política social próspera si esta se encuentra distanciada de la empresa privada. Es por esto, por lo que consideramos una prioridad apoyar al emprendedor, pues es por excelencia quien se preocupa por generar riqueza, para combatir a la pobreza. ¡No le busque más!

Ahora bien, ¿Por qué fracasan los emprendimientos? Por tres razones: primero, porque los ahoga la excesiva carga tributaria, lo cual disminuye la utilidad, toda vez que lo que se obtiene por ganancia toca, generalmente, pagarlo en impuestos. Se dice que, alrededor del 65% del dinero de los negocios termina en las arcas del Estado. Segundo, porque reluce la carencia de educación financiera y crediticia, pues únicamente el 50% de los emprendedores han terminado el bachillerato. Tercero, por la falta de apoyo financiero y crediticio, dado que hay poco crédito para quien presenta una idea viable de negocio, y cuando por algún motivo lo hay, pues las tasas de interés son excesivamente encumbradas. ¡Problema mayúsculo!

¿Cómo podemos solucionar esta problemática? Primero, generando mayores oportunidades de educación  en el ser, en el saber y en el hacer. Así logramos que el emprendedor tenga una panorama académico claro de la actividad que pretende desarrollar. Segundo, dando apertura a un plan financiero y crediticio de fácil acceso para aquel ciudadano que presenta una idea viable de negocio, es decir, siendo esta seria y estructurada. Tercero,  eliminando ciertos impuestos durante un lapso de tiempo determinado, que, bien puede ser durante 3, 4 o 5 años mientras se consolida la actividad económica, producto del emprendimiento. Lo último, claro está, para micro y pequeñas empresas. Así evitamos entrar en detrimentos patrimoniales.

Si quienes tenemos aspiraciones políticas, trabajamos para consolidar lo antecedente, la transformación y el crecimiento económico de nuestro país sería inminente. ¡Es hora de comenzar!

@JuanDaEscobarC     

TAGS: Emprendimiento, apoyo a emprendedores, crecimiento económico.