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Hay que acabar con la criminalidad en Medellín

Thursday, 14 March 2019 00:00 Written by

Por: Juan David Escobar Cubides, columnista invitado

Es deber del Estado proteger a los ciudadanos de bien y combatir con suma verticalidad a la delincuencia organizada. Ese es el principio rector de un Estado de Derecho. Y así debe ser porque, obrar conforme a los parámetros de la fuerza institucionalizada es una actividad legítima, para neutralizar a los criminales de la ciudad.  En este ámbito no es, ni puede ser admisible la tibieza dado que la situación debe confrontarse con excesiva determinación. Error imperdonable el de un alcalde que hace unos años celebró con criminales un pacto de no agresión. Infortunadamente, esto se ve reflejado hoy en día de la peor manera.

Bien sabemos que con los criminales no se celebran pactos, ni acuerdos, y ello está probado históricamente. A esa plaga hay que desbaratarla en el escenario militar sin un ápice de vacilación, pues solo así podrán vivir los ciudadanos decentes en paz. Las bandas criminales en la comuna trece y en la nororiental, así como en otros sectores del área metropolitana, han hecho durante más de veinte años lo que les place. En efecto, las extorsiones, los desplazamientos forzados, las barreras invisibles, los homicidios continuados, las masacres, las disputas por plazas de vicio y el hurto en cualquiera de sus modalidades, son el pan de cada día en Medellín.

Las comunidades marginales están asustadas porque diario les toca padecer el rigor de la criminalidad. La desconfianza y el temor hacen eco de manera abrupta, nuestros niños ya no van a estudiar por evitar una bala perdida. Los jóvenes deportistas han dejado de entrenar, todo por no cruzar una barrera invisible que les proporcione un disparo en la cabeza. Y a los artistas les da miedo salir a sus espacios musicales ubicados en los hemisferios de las comunas. El arte, la cultura, la recreación y la pedagogía se ven lesionados por consecuencia de unos pocos desadaptados. ¿Lo debemos permitir? ¡Claro que no!

Recientemente, hemos conocido el asesinato aleve de un joven venezolano en el corregimiento de Altavista, luego observamos la nueva barrera invisible entre la América y San Javier, más tarde nos informaron de varios homicidios en la comuna Nororiental. Como si fuera poco, hemos visto la cifra oficial de que en 2019 ya superamos los cien homicidios y apenas estamos iniciando el mes de Marzo. Luego, ¿Cómo estaremos en diciembre?

Es por lo antecedente que el Estado debe obrar. Y para ello hay que articular una red de apoyo nunca antes vista entre los ciudadanos y la policía para neutralizar, en calidad de captura  a todos los bandidos que se han tomado la ciudad.  La cosa es sencilla: hay que capturarlos a como dé lugar. Además, debe integrarse un procedimiento idóneo con el que las capturas sean eficaces para evitar que el criminal quede libre. Y para esto es menester elaborar una recolección anticipada de pruebas que le permita a la justicia ponerlos a buen recaudo, pues el bandido no siempre será sorprendido en flagrancia. Y tampoco es factible que nuestras autoridades se esfuercen elaborando capturas para que la justicia los deje en libertad. Acá, el error es de procedimiento. Y ello urgentemente tiene que mejorar.

Adicionalmente, debemos implementar una mayor tecnología en la ciudad donde sea posible integrar la colaboración efectiva de la comunidad, para que nos permita combatir al crimen. La idea es que el ciudadano se convierta en una red de apoyo. Tenemos que devolverles la confianza legítima a todos los Medellinenses, porque el Estado debe someter al criminal, claro está, sin tolerar que el criminal someta al Estado.

Si queremos llevar programas sociales, recreación, arte y cultura, deporte, ciencia y tecnología a las comunas marginales, necesitamos garantizarles seguridad a nuestros jóvenes. Solo así evitaremos que se conviertan en un blanco atractivo para la criminalidad. Por su parte, a los criminales que no quieren dejar de delinquir y que son felices haciendo de las suyas, hay que desbaratarlos sin consideración.

La fórmula la tenemos clara: para generar oportunidades, previamente tenemos que garantizarles a los ciudadanos absoluta seguridad. ¡Por ello es menester acabar con todos los criminales en Medellín! 

@JuanDaEscobarC

 

Construir país

Saturday, 09 March 2019 00:00 Written by

Por: Juan David Escobar Cubides, columnista invitado

Persona es, un ente ficticio que tiene derechos y deberes. Así lo considera la legislación civil colombiana y no hay una definición más idónea que esta. Todo ser humano cuenta con unas prerrogativas inherentes a su esencia que, se salvaguardan a través de derechos legalmente regulados, bien sean estos fundamentales, sociales, civiles o políticos. Correlativamente, de la misma manera, se soportan algunas cargas que se traducen en deberes. He ahí el binomio de derecho y deber en medio de una relación intrínseca, que jamás es excluyente.  

La situación hasta este punto, desde una perspectiva teórica, se surte en pleno orden. Empero, el problema se presenta cuando las personas únicamente reconocen sus derechos para, irresponsablemente, ignorar las cargas que les asisten con los deberes legales, morales y sociales. Allí, es cuando surge el caos comunitario.  Luego, nos preguntamos: ¿Por qué surge? Principalmente, por dos razones. Primero, porque la respuesta a un derecho determinado siempre será un deber. Así pues, quien se ufane de tener derecho a una determinada situación, también debe soportar la carga de un correlativo deber. Segundo, porque quien solo ejerce los derechos desconociendo sus deberes, incurre plenamente en el anarquismo absolutista, toda vez que solamente utiliza aquello que le conviene, pero ignora lo que le es, o le debiera ser, de estricto cumplimiento. En dicho evento, observamos el doble rasero de las personas. ¡Grave problema!    

La antecedente ilustración la traemos a colación ya que aquella hace referencia a la realidad colombiana, pues en el país del sagrado corazón, el 90% de los ciudadanos  exigen respeto total de sus derechos, pero vaya y mire cómo actúan cuando de soportar deberes se trata. La “cultura del avispado” y del “vivo vive del bobo” nos ha afectado en dimensiones bíblicas. La mayoría de los ciudadanos exigen recibir ilimitadamente, pero sin contribuir con el deber. Exigen garantías plenas de salud y educación, pero no pagan honestamente los impuestos indispensables para ello. Asimismo, protestan por un ambiente sano, pero constantemente lo contaminan con su accionar. No siendo suficiente, anhelan dizque un cambio para la sociedad, pero les da pereza salir un domingo del año a votar.

¿Y así esperan vivir en el progreso y en la  transformación? ¿Será esa la democracia que queremos construir? Es importante recordarles que, el país los necesita. Por ello, no es factible convertir el ejercicio de nuestros deberes en una colcha de retazos, permeada de desidia, indiferencia e incumplimiento. Es importante que como ciudadanos comencemos por reflexionar sobre nuestra reacción frente a las cargas y deberes, porque el cambio es una constante construcción social que requiere del aporte de todos en general y no específicamente de unos o de otros. 

¡Cumplamos con nuestros deberes y construyamos país!

Nuestra reflexión para la semana: ¿Cuál ha sido tu aporte para construir progreso y tejido social en Colombia?

@JuanDaEscobarC

TAGS: (Derechos y deberes del ciudadano, participación ciudadana, democracia).

 

Petro, defensor innato de Maduro

Friday, 01 March 2019 00:00 Written by

Por: Juan David Escobar Cubides, columnista invitado

La deplorable situación en Venezuela nos ha expuesto diversas realidades, verbigracia, la miseria absoluta, el hambre y la enfermedad ciudadana, la perversidad de Nicolás Maduro, la infamia del Cartel de los Soles, la cobardía corrupta de Diosdado Cabello, el estancamiento del sistema económico y productivo, pero, particularmente, la furia de Gustavo Petro en tanto el mundo entero arrincona verticalmente a su compañero, el narco-dictador.

Al parecer, haber acabado con una nación próspera, haber perseguido y encarcelado a los opositores, haber comercializado cocaína, haberse robado el dinero del petróleo, haber asesinado miserablemente durante varios años a la población enferma y hambrienta, y haber incinerado a dos camiones repletos de alimentos y medicinas necesarias en la ciudadanía vulnerable, no son para Gustavo Petro elementos de juicio necesarios tendientes a aborrecer al tirano. Para él ello es poco, porque quienes se ufanan de tener espíritu revolucionario aman el caos, la violencia y la destrucción. En efecto, ello es lo que ha hecho el narco-régimen venezolano.   

Y así lo consideramos porque, con total desfachatez hemos presenciado durante los últimos días, declaraciones adversas del líder de la “Colombia Humana” puesto que ha considerado inapropiadas las reacciones globales y nacionales dirigidas en contra de un dictador analfabeta. A Petro, sin duda alguna, le incomoda que se hable de intervención militar, injerencia humanitaria, asistencia social y derrocamiento del régimen dictatorial. ¿Y por qué le incomoda? Por tres razones: primero, porque fue el asesor económico del chavismo, y ello quedó probado con sus propios pronunciamientos en la red social Twitter, y con las declaraciones de su ex-amigo, Nicolás Maduro. Para Chávez, Petro fue un emulo digno de admirar. Segundo, porque hasta hace unos años Petro defendía con ahínco el socialismo destructor proliferado por los Castro y Chávez. Allí, el otrora integrante del M-19 sostenía dizque la conveniencia de dicho modelo de Estado por contribuir, según él, con el desarrollo social de los Estados. ¡Habrase visto un despropósito semejante! 

Tercero, porque claramente observamos que la intención de algunos líderes incendiarios de la extrema izquierda es, sabotear la buena posición y el liderazgo que ha tomado el Gobierno Nacional frente al particular, ya que contundencia es lo que le ha sobrado al presidente colombiano para despreciar la coyuntura actual de Venezuela. Así debe ser. No hay otra opción. Además, el Grupo de Lima liderado por el presidente Duque, ha sido el palo en la rueda para aquellos que quieren pavimentar sobre su sombra alguna aspiración presidencial.

Infortunadamente, en el juego sucio de la política hay quienes utilizan la estratagema de convertirse en una piedra en el zapato para destruir al adversario y adquirir adeptos, generalmente, no formados en el ámbito político. Y así gira el juego de Iván Cepeda y Gustavo Petro: han hecho populismo hasta rabiar, para confundir a los incautos sobre la necesidad de una intervención militar en Venezuela. Ello, claro está, con infundados tintes politiqueros.  

Ahora bien, ¿Creen objetivamente, analizando la situación, que es malo repudiar el accionar de Nicolás Maduro? ¿Consideran inapropiado levantar la voz en contra de dicho régimen genocida y arbitrario? ¿No les parece malvado quien se pronuncia con posturas a favor del régimen de Maduro, en vez de unirse al clamor generalizado que grita por la libertad y por el respeto de la dignidad humana? 

Sin embargo, hemos sostenido que, de lo malo siempre sobresale algún aspecto positivo: enhorabuena, bien sabemos por quien nunca debemos votar para que dirija los hilos de Colombia. Ya tenemos el lamentable espejo del vecino. ¡No lo podemos olvidar!  

@JuanDaEscobarC

 

La Casa de Vidrio

Monday, 25 February 2019 00:00 Written by

Por: Rafael Humberto Guerrero Jaimes, columnista invitado

“…Quien tenga casa de vidrio, no tire piedra al vecino…”

-Don Grim.

Tanto Venezuela, como Colombia, con sus gobernantes y dirigentes, tienen frágiles casas de vidrio, con una población totalmente polarizada. En Colombia una polarización ideológica de tipo asimétrico y en Venezuela una polarización simétrica y agresiva activa.

Sobre el escenario presente del “Conflicto bélico venezolano”, mi amigo médico nuclear Héctor Hernán Zamora Caicedo me manifestó con gran tino y sabiduría que “En toda guerra, el primer muerto siempre es la verdad”. Me impresionó la certeza y profundidad de la reflexión y consulté antecedentes históricos. Los encontré en relación con la Primera y Segunda Guerra Mundial. En 1917, el senador norteamericano Hiram Johnson expresó: “La primera víctima cuando llega la guerra es la verdad”. Más tarde, durante el segundo conflicto bélico mundial Winston Churchill anotó: “En tiempos de guerra la verdad es tan preciosa que debería ser protegida por guardaespaldas de las mentiras”.

Ahora, ¿Quién es cultor de la verdad? ¿Quién posee la verdad?

La respuesta es demasiado subjetiva y es elemental: Ambas partes tienen su propia verdad; veamos, bajo mi propio criterio:

En Venezuela, con la revolución bolivariana, Hugo Chávez Frías estructuró un gobierno “Socialista del siglo XXI”, que en principio el pueblo venezolano aceptó como “voto castigo” a unos partidos y a una clase política, democrática sí, pero corrupta y excluyente. Más tarde Chávez Frías al morir paso al mito del imaginario popular en un 50 % del pueblo patriota. Su sucesor Nicolás Maduro, sin el talante estadista de Chávez convirtió el citado socialismo, en un desordenado y corrupto populismo, sin ideología clara, permeado por la corrupción y posiblemente por el narcotráfico-no tengo ilustración temática-, y dado el sentido excluyente de gobierno y su carácter represivo, se convirtió el presidente Maduro en un sátrapa, soportado por menos de la mitad de los venezolanos y odiado por la inmensa mayoría de ellos. El escenario presente es una simple antesala a por lo menos una guerra civil entre los venezolanos polarizados o más grave un forcejeo entre potencias militares y dominantes de la aldea global…Sin embargo

…Sin embargo Maduro tiene su verdad: Una elección presidencial, con un manto de duda sobre fraude, que pone en tela de juicio su legitimidad y posee el régimen venezolano una constitución política como guía. Sobre el tema las naciones del mundo han tomado partido a favor, a contra, o se han declarado neutrales. En Colombia y en la mayoría de la aldea global vemos con temor las actuaciones excluyentes y represivas de Maduro contra su pueblo y lo consideramos perverso. Aquí recuerdo lo que siempre ha señalado la historia de manera juiciosa: “Las revoluciones terminan por devorar a sus propias criaturas”.

En cuando a un conflicto mundial por intervención de EE.UU y Rusia en el conflicto bélico Venezolano, es una “Espada de Damocles” presente sobre la región, que debe tomarse muy en serio, con algunas consideraciones: Rusia con Putín, defensores de Maduro, de manera subrepticia al principio y de frente después, establecieron sus bases militares en Venezuela, ante la hasta ahora estaticidad de los EE.UU. Es decir, Rusia ganó la primera partida del ajedrez mundial al correr la línea geopolítica de influencia militarista del Asia a America del Sur. Donald Trump, en plena campaña electoral contra los fuertes candidatos demócratas a la presidencia, tiene un complejo reto de intervención o no en el escenario venezolano. Putin seguramente espera, dado que el balón por ahora está en campo norteamericano.

La intervención de Colombia, como plataforma norteamericana de guerra, ahora con las ayudas humanitarias, no resiste mayor análisis. El gobierno Duque ganó su elección con el mensaje: “Si no votan por nosotros el comunismo se apoderará de Colombia y nos volveremos como Venezuela”. Y sigue en campaña la yunta Uribe-Duque, con la ventaja, que todo éste escenario presente de la frontera colombo-venezolana servirá como cortina de humo para amortiguar la “carga del ventilador” de la corrupción Odebrecht-Aval, en la que están involucrados buena parte de la dirigencia política y empresarial de Colombia.

Reitero: ¿Quién tiene la verdad? Es evidente la corrupción y represión del gobierno Maduro, que no cuenta con un respaldo manifiesto popular y también es claro el sufrimiento del “Bravo Pueblo”. Además están presentes elementos y variables globales, que pueden, Dios no quiera, desencadenar en un gran conflicto global. Esperemos que la verdad favorezca por vía pacífica al hoy sufrido y vulnerable pueblo venezolano. Por ahora solidaridad y más solidaridad con los “Hermanos Patriotas”.

 

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Metástasis en la salud colombiana

Saturday, 23 February 2019 00:00 Written by

Por: Juan David Escobar Cubides, columnista invitado

En metástasis se encuentra el sistema de salud colombiano por consecuencia de la repugnante corrupción. Recientemente, la fiscalía general de la nación sostuvo que el hueco económico equivale a un billón de pesos. ¿Qué pasó allí? Sencillo: ¡Se los embolsillaron algunos para saciar sus ambiciones de riqueza! ¿Y quiénes son los responsables de ello? Más sencillo todavía: Las mafias de las EPS, sus gerentes y algunos de sus compadres asignados en las cajas de compensación. Lo grave es que así llevamos más de veinte años sin que ocurra absolutamente nada, porque, nos parece normal que en Colombia la corrupción esté infestada. Lo que nos demuestra que somos un país poco serio, plenamente sumergido en la indiferencia, en la desidia y en la inmundicia humana.

¿Y por qué decimos que son los responsables? Básicamente, por tres razones: primero, porque los gerentes hacen y deshacen sin conocer límites ni controles, cuales potenciales rufianes, sedientos de dinero y poder. Segundo, porque administran de manera ineficiente el personal y los recursos para optimizar el funcionamiento en cobertura y calidad. Tercero, porque además de lo anterior, gozan de funciones omnímodas que les permiten contratar a dedo, sin atender el más mínimo ápice de legalidad y transparencia en los procesos de selección. Como si fuera poco, las auditorías son ineficientes, toda vez que, algunas veces, se benefician directamente de las dádivas otorgadas por los gerentes de las EPS. Lo grave es que ello lo hacen, soezmente, en complicidad con las directivas de la caja de compensación. Así, presenciamos una red organizada, la cual debemos desarticular con basto rigor. ¡Se trata de criminales de alta peligrosidad!

Pero, sabemos que la situación es espuria dado que las redes criminales enquistadas en el sistema de salud son un cáncer semejante al terrorismo nacional. Y es así como comprendemos que el terrorista es igual de nefasto al corrupto incrustado en el sistema de salud colombiano: ambos ocasionan genocidios, pero de diferentes maneras. El primero, toma las armas para asesinar a la población con ambiciones de poder. El segundo, se roba los recursos sagrados, únicamente por llenarse sus malditos bolsillos, condenando así a morir a miles de personas que no pueden acceder a un medicamento de calidad o a la prestación de un servicio eficiente, óptimo y oportuno.

¿Encuentran, ustedes, alguna diferencia entre el uno y el otro? ¡Pues no la busquen, porque no la hay!

No siendo ello suficiente, no deja de inquietarnos que, en materia de salud las contrataciones sean perversas, las nóminas directivas poco preparadas y los medicamentos un burdo negocio impetrado por quienes dirigen los deplorables regímenes contributivo y subsidiado. Aunque, lo realmente reprochable es que, ante semejante genocidio comunitario, sean, precisamente, los subdirectores de salud y los presidentes de algunas cajas de compensación y de unas cuantas EPS (Personas supuestamente formadas en principios y valores) quienes pasen de agache por esta triste realidad, todo por miedo a ser removidos o despedidos de sus cargos. Entretanto, los ciudadanos padecen la ignominia de enfermarse y fallecer, mientras esperan meses, y, a veces años, por una miserable cita de 30 minutos o por una vadeable remisión con un especialista de la salud. ¡Qué desvergüenza ser cómplice de ello!  

Adicionalmente, encontramos cada vez más a infinidad de médicos quejándose de las condiciones de explotación que padecen en las EPS: les pagan mal o no les pagan puntualmente, les doblan el turno laboral de manera arbitraria, los obligan a trabajar el doble y los envían a cumplir intensos servicios en otros municipios por el mismo sueldo. Y es que, con esos salarios tan paupérrimos que padecen los médicos generales, ¿Cómo pretenden que funcione idóneamente el sistema? 

Finalmente, resulta inadmisible que, los directores de la EPS y de las Cajas de Compensación, así como los subdirectores de salud, soporten un común denominador: no tienen idea alguna sobre el sistema de salud, ni conceptual ni funcionalmente, y devengan millonarios salarios. Ello es, lo que merece toda nuestra atención, porque estas entidades deben ser dirigidas por gerentes responsables, que se caractericen por ser conocedores indiscutibles de la materia, y no por torpes figurines de moda analfabetas del tema.

¡Desafortunadamente, en tanto sigamos así, nuestro sistema no progresará!

@JuanDaEscobarC

 

Informalidad laboral

Thursday, 14 February 2019 00:00 Written by

Por: Juan David Escobar Cubides, columnista invitado

Reveló el Dane que la tasa de informalidad laboral del 2018 en Colombia se posicionó en un nefando 48.2%. Según la entidad, en ciudades como Santa Marta, Cúcuta y Sincelejo existe una proporción mayoritaria de actividad informal, pero en ciudades como Medellín, Bogotá y Manizales aquella se ha registrado minoritariamente. De la misma manera, manifestó la entidad que el desempleo juvenil se ubicó en un desastroso 16.6%. He ahí el problema.  Además, expresó que los ámbitos de ocupación en empleo para los jóvenes radican en actividades de comercio, hoteles, restaurantes, agricultura, ganadería, caza, silvicultura, pesca, servicios sociales, comunales y personales. Contrario sensu, expuso que las actividades empresariales, inmobiliarias y de alquiler contribuyeron negativamente en la generación de empleo. ¡Qué horror!

Presenciamos una preocupante situación porque la empresa privada no ha logrado satisfacer la demanda laboral que surge dentro de la ciudadanía. El tiempo transcurre y, con este, son los jóvenes profesionales, técnicos y tecnólogos quienes padecen la desgracia de someterse a oficios diferentes que, para nada están relacionados con su conocimiento. Y esto se presenta, específicamente, por la carencia de oportunidades. ¡No le busque más!

Estamos formando a desempleados muy calificados y por ello recaen en la huestes de la informalidad. Y ello es, sencillamente, nocivo para un Estado Social, dado que los nuevos profesionales se preparan de manera juiciosa, para aspirar a buenas condiciones laborales que les brinden estabilidad y bienestar, pero, infortunadamente ni con un posgrado o maestría, pueden gozar de esa mínima garantía social.

Nadie se esfuerza estudiando carreras de alta complejidad para irse a administrar un local de empanadas, ni para repartir en cadenas alimenticias carne y pescado al vacío, mucho menos, para terminar de guía turístico en algún hotel de la ciudad. Los ciudadanos y jóvenes en general requieren oportunidades serias de empleo donde puedan crecer profesionalmente, ejerciendo por pura vocación la profesión que han elegido. No tienen, entonces, porqué terminar en otras actividades. ¡No faltaba más!

Y es que Colombia es un país con un magnífico capital humano para explotar y uno de ellos es el emprendimiento, pues bien sabemos que colombiano que se respete siempre cuenta con la creatividad necesaria para darle apertura a alguna actividad empresarial. Ello está probado, pero requieren de una mayor gestión asistencial por parte del Estado. Es decir: más apoyo económico para darle apertura a la actividad industrial. 

Tenemos claro que, el emprendimiento permite darle un impulso positivo a cualquier actividad económica, encaminada a generar empleo de calidad. Pero, para que ello ocurra es de vital importancia incentivar la inversión privada y la autonomía de la voluntad.

¿Y esto cómo lo logramos? Únicamente a través de dos vías: la primera, disminuyendo la tasa impositiva a los empresarios colombianos, para que puedan ofrecer mejores condiciones laborales y salariales a todos los profesionales. La segunda, generando vías de acceso crediticias con una tasa de interés mínima a todos aquellos emprendedores que presentan una idea viable de negocio, pero que carecen de capital para iniciar. Si nuestros dirigentes procedieran en consecuencia, sin duda alguna, obtendríamos un pleno bienestar social. Empero, nunca lo han hecho, porque pareciera no interesarles mutar esta triste realidad.   

Si hacemos lo propio golpeamos con dureza la despreciable informalidad. Estamos más que seguros de ello. ¡Debemos proceder con prontitud; el país lo necesita!

@JuanDaEscobarC

 

A propósito de un error histórico

Saturday, 09 February 2019 00:00 Written by

Antonio Colmenares Martínez, columnista invitado

El periodismo se celebra todos los días. El 9 de febrero es un inolvidable ejemplo. El 4 de agosto no ocurrió nada periodístico que sea un referente.

Los periodistas tenemos claro que esta labor diaria que tanto nos gusta y nos apasiona, esta actividad que nos hace llevar los sentidos abiertos, que nos hace escarbar entre los documentos, olfatear a los corruptos, acompañar a las comunidades, esta hermosa actividad no solo es cuestión de alma y sentimientos, no es simplemente un capital espiritual, no solo se trata de defender lo que la gente debe saber, sino que además es una actividad que se celebra sola todos los días. Así como los corruptos en el ‘pecado llevan la penitencia’, así mismo el periodista en su oficio diario lleva su alegría, su satisfacción, su premio y su celebración.
Pero la celebración oficial del Día del periodista es el nueve de febrero porque se conmemora la publicación, por primera vez, de un medio escrito, ese divino parto que ahora se hace diario, semanal o mensual o cuando se pueda. Fue el 9 de febrero de 1791 cuando vio la luz el ‘Papel Periódico de la Ciudad de Santafé de Bogotá’, gracias a la maravillosa locura de Manuel del Socorro Rodríguez de la Victoria, que debió primero creer en él mismo, en su sueño y en sus eventuales lectores, debió llenarse de argumentos de la necesidad de que existiera ese periódico precursor de todos los medios en Colombia. No había entonces tantas noticias judiciales, pero a través de sus páginas se rescataban los valores literarios, el desarrollo de la ciencia y en general del saber. Fue el ‘balcón’ principal desde donde se fue fortaleciendo la idea de independencia y sirvió de ejemplo eterno para quienes vivimos de esta maravillosa actividad. 
Se puede decir que ese fue el momento en que nació la profesión y por eso se consagró en la Ley 51 del 18 de diciembre de 1975, ya derogada.
La Ley 918 de 2001 determinó que el Día del Periodista sería el 4 de agosto como homenaje a Antonio Nariño, también precursor de la prensa y se quiere con esa fecha conmemorar la traducción, impresión y publicación de la Declaración de los Derechos del Hombre y del Ciudadano, pero como es claro el asunto es más de corte político que periodístico y por eso el 9 de febrero seguirá siendo el Día Clásico del Periodista en Colombia.
El 9 de febrero además es la fecha reconocida por la academia colombiana y por la mayoría de quienes reconocemos realmente el hecho periodístico tangible, por encima de la temática política, que es importante pero que en Colombia contamina.
Además, la fecha 4 de agosto es un error histórico porque la primera publicación de Declaración de los Derechos del Hombre y del Ciudadano, fue en ‘la mañana dominical del 15 de diciembre de 1793 día en que se celebra el Día de la Prensa Colombiana, es decir de los medios, no de los periodistas y es fecha reconocida por la Academia Colombiana de Historia, pero que ningún dueño de medios celebra.

El caos criminal

Friday, 08 February 2019 00:00 Written by

Por: Juan David Escobar Cubides, columnista invitado

La ola de violencia azota a las regiones colombianas y la acción contundente del Estado parece desvirtuada. No obstante, algunos aciertos militares, todavía es indispensable fortalecer, sólidamente, la lucha frontal contra el crimen organizado.

Y así debe ser porque los bandidos se pasean como Pedro por su casa, los grupos ilegales se fortalecen de manera descomunal, la ‘pillería’ se apodera de los municipios, y el narcotráfico crece sin parar.

Las denominadas “disidencias” de las Farc, no son más que las mismas Farc, en su conducto regular: asesinan, extorsionan, traquetean, secuestran, y ejecutan todo tipo de vejámenes contra la población colombiana. Bien estimó el General Luis Fernando Navarro, comandante de las fuerzas militares, al manifestar que por unos 2.700 hombres está integrado ese brazo criminal. La situación es preocupante, porque allí se suman los genocidas del ELN, quienes, se fortalecieron desde el año 2010 por consecuencia de la negligencia del Gobierno de turno. A ellos también hay que derrotarlos en un bloque de suma verticalidad.

Y así es porque el combate debe dirigirse, implacablemente, frente a dos grupos terroristas de alta peligrosidad que, amenazan el orden y la estabilidad institucional. No puede permitirse, bajo ningún pretexto, que la subversión continúe floreciendo en estas tierras fértiles: hay que cortarla de raíz y la única vía es por medio de la fuerza institucionalizada. Y es que, ante semejante caos, no hay otra opción: el menester democrático radica en neutralizar a los genocidas, para garantizarles paz a todos los ciudadanos colombianos.

Por lo antecedente, es de vital importancia que el Gobierno Nacional, incremente de manera proba su pie de fuerza, en regiones como el Catatumbo, Arauca, Cauca, Meta, pero, principalmente, en el Bajo Cauca Antioqueño y en el Sur de Córdoba, donde se fortalecen de manera desconsiderada bandas criminales sumamente cobardes- por su accionar- como el Clan del Golfo y los denominados Caparrapos; estos últimos, supuestamente, disidentes de los primeros. Allí se disputan el botín por la minería ilegal, por la extorsión y el narcotráfico. Entretanto, han asesinado a importantes líderes de la región sin que ocurra absolutamente nada. La impunidad, hasta ahora, ha imperado. ¡Algo inadmisible!

Pero, para ser exactos, en Córdoba y en el Bajo Cauca Antioqueño- territorios agrícolas indiscutiblemente prósperos en su sistema productivo- pelechó la violencia durante más de 40 años, toda vez que no hubo presencia institucional, pues los grupos ilegales se tomaron el territorio para hacer de las suyas, intimidando a la población. Allí, acribillaron a líderes, empresarios, ganaderos, y políticos sin la más mínima compasión. Y nunca nadie hizo algo. Todos estaban permeados de temor. Ahora, será que el Gobierno Nacional, ¿permitirá que suceda lo mismo otra vez? No creemos que así sea.

Por ello, ante la precariedad de la coyuntura actual, es que la acción contundente del Estado no puede tambalear ni claudicar, con su ápice de rigor debido. La fuerza y la legitimidad para garantizar el bienestar social deben prevalecer ante cualquier amenaza, porque no existe criminal que pueda atemorizar a una región. La regla general es que el temor lo sientan ellos, como asesinos repudiables, y no los ciudadanos de bien, que trabajan por la sociedad. Por tal razón, deben tomarse todas las medidas necesarias, que garanticen la neutralización de los bandidos.

Históricamente, hemos comprobado como los criminales desfallecen cuando los combaten sin misericordia, ni consideración. Allí, de inmediato pierden vigor, y su causa se surte plenamente ineficaz. Empero, ocurre lo contrario, cuando las autoridades son dóciles en su accionar.

Nuestro mensaje es claro: deben organizarse varios bloques de la fuerza pública. El primero, debe ir dirigido a desbaratar a los disidentes de las Farc y a los Elenos. El segundo, debe despedazar a las bandas criminales del Clan del Golfo y Caparrapos. Solo así se podrá erradicar dicho flagelo. De no hacerlo, continuaremos con lo mismo. Además, hay que asignar mayores efectivos que militaricen el Sur de Córdoba y el Bajo Cauca Antioqueño, dado que, hasta ahora, no lo han hecho. La población aclama por protección, y el Gobierno debe obrar con prontitud frente a dicha amenaza terrorista- criminal. ¡Es una obligación atender la solicitud ciudadana!

Nuestras fuerzas militares y de policía gozan de magno rigor y por ello no pueden desfallecer en la labor. Aun contamos con tiempo suficiente, para obrar en consecuencia. ¡Ya es hora de enfrentar con coraje y gallardía a esa maligna criminalidad!

@JuanDaEscobarC