Sunday, 20 October 2019 | Login

Ruben Zamora, columnista invitado Ruben Zamora, columnista invitado Cortesía

El Catatumbo si puede avanzar

Por Rubén Zamora, columnista invitado.


No soy indiferente porque más me preocupa la necesidad colectiva que la posibilidad de crecer individualmente.

Este territorio se le conoce más por la guerra y la expansión cocalera que por las posibilidades de convertirlo en una oportunidad para el desarrollo regional. Que se haya incrementado la guerra y los cultivos de uso ilícito es precisamente por la falta de políticas públicas encaminadas al desarrollo social, al crecimiento económico, al fortalecimiento de los ecosistemas y a la conservación de la rica biodiversidad del territorio.
Ha faltado visión, dirigencia y responsabilidad. Y como se trata es de superar, la descripción del fenómeno no basta; hay que formular alternativas de modo que gradualmente vayamos avanzando hacia el desarrollo del territorio. Para despegar el esfuerzo, es necesaria la convergencia continuada de las expresiones sociales, gremiales y políticas dispuestas a ayudar a promover alternativas viables, sostenibles y sustentables.
Que esa convergencia se materialice también a nivel de los nuevos alcaldes y concejales para que, en sintonía con el gobierno regional, se trabaje con base a un plan estratégico para el desarrollo del territorio. No vamos a partir de cero, ya existen diagnósticos y propuestas bien fundamentadas y realistas de las organizaciones sociales, de modo que sí podemos dar pasos importantes.
El territorio necesita con urgencia la conectividad con los centros de mercado nacional e internacional. La infraestructura vial existente bloquea las posibilidades de crecimiento económico y para superar este fenómeno debemos abordar la gestión con toda la fuerza del territorio.
Es necesario explorar qué tenemos de producción campesina en el departamento y apostarle a proyectos de industria comunitaria o de asociatividad solidaria, cosa que vendamos la producción ya transformada y el valor agregado que actualmente lo capitaliza la especulación quede en el territorio como fuente de desarrollo.
Voy a citar un ejemplo ilustrativo, en 2018 este territorio contaba con 11 mil hectáreas cultivadas en cacao, con una producción de 1.750 toneladas por año. Y pese a que la tendencia del precio del cacao en el mercado internacional es a crecer, los productores están sujetos a las reglas especulativas de los monopolios comercializadores. Y veamos la tendencia del precio internacional, el 18 de febrero de este año estaba a 6.081 pesos kilo, y ya el 6 de mayo de este mismo año, el precio llegó a 6.453,50 pesos.
Si en esta región nos proponemos transformar la producción cacaotera para, al menos exportar el licor de cacao como lo hacen los cultivadores de Arauquita, que tienen el mercado asegurado en Italia, podríamos dar un salto de cantidad a calidad. Añádale que Norte de Santander tiene el privilegio de tener la mejor aroma de cacao en el mundo.
¿Qué costo podría tener la planta de transformación? Entre 700 y 900 millones de pesos. Esa inversión fácilmente la podrían asumir los municipios cacaoteros, la gobernación del departamento y la cooperación internacional. Igual experiencia es válida para el café, las frutas, cárnicos y otros productos de la economía campesina. No es la revolución agraria, pero podríamos superar taras que actualmente tiene el campo que impiden su desarrollo.
Es cuestión de construir, salir de la politiquería y pensar y planear con sentido de territorio, es tener visión y descubrir las potencialidades y aplicarlas para hacer crecer las fuerzas productivas y el desarrollo social.

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