Wednesday, 16 October 2019 | Login

Rafael Humberto Guerrero Jaimes, columnista invitado Rafael Humberto Guerrero Jaimes, columnista invitado Cortesía

"El pueblo superior a su dirigencia" El caudillo Jorge Eliécer Gaitán

Por: Rafael Humberto Guerrero, columnista invitado

Jorge Eliécer Gaitán, fue sin duda para Colombia el “Caudillo del Pueblo” por antonomasia. Tenía el gran dirigente liberal, las características positivas de los caudillos: liderazgo manifiesto; poder de convocatoria; el don de la palabra; magnetismo en su presencia; contacto directo con las masas populares; voluntad de servicio y clara tendencia hacia la promoción de todo tipo de reivindicación social. Recordemos también, que los caudillos, tienen casi siempre una inclinación mesiánica y tienden con frecuencia hacia el populismo. Pero Gaitán era un caso “sui generis”, aglutinó en torno suyo a las clases populares, sin distingo de etnia, credo o partido político. Ahora al cumplirse 71 años de su magnicidio por Roa Sierra, recordemos retazos de su gesta.

Decía Gaitán: “No soy un hombre, soy un pueblo”. Sus consignas, despertaban la pasión y el fervor popular; así: “Más vale una bandera solitaria clavada en una cumbre, que cien banderas extendidas sobre el oro”: Y esa inmortal frase, en su oración al pueblo venezolano: “Pueblo del caribe, yo vengo de un gran país, donde el pueblo es superior a su dirigencia”.

Gaitán organizó su movimiento político el UNIR, con “los marginados de todos los tiempos”, pienso que con la clase media también, para emprender, según su lema la “Restauración Moral” del país, su lucha frontal contra las oligarquías liberales y conservadoras: “Nada de violencia, fuerza contra la violencia”.

Era Jorge Eliécer Gaitán un excelente, un maravilloso orador (por su tono y contenido). Fue también un magnifico abogado. Al primero, al orador, lo tenemos vigente por su voz, grabada en las colecciones de “Caudillos y Muchedumbres”. De allí, se escucha el grave eco de sus palabras: “… Y nos sentimos muy orgullosos de ésta vieja raza indígena, y despreciamos a esas oligarquías, que nos ignoran y piensan que pueden seguir jugando con los dados de su actividad, sobre las túnicas de nuestro patriotismo”.

Particularmente, nunca me ha gustado las palabras: moral, patriotismo. Prefiero los conceptos de ley, estado social de derecho, nación, familia. Quiero la libertad de expresión, por encima del orden institucional, y prefiero el cambio y la flexibilidad, a la ortodoxia y a la normatividad. Pero entonces, eran otros tiempos, otros escenarios políticos; otros líderes y otros teatros de acontecimientos, con otros espectadores, eso sí, con las mismas dolencias: marginalidad, opresión, y exclusión de las oportunidades para los más vulnerables.

Siempre, me he preguntado, si yo hubiese sido gaitanista en su tiempo. Tal vez no. Era demasiado mesiánico y populista el caudillo, para mi querencia. ¿Y qué hubiese pasado con un Gaitán moderno, en nuestro tiempo? Con absoluta certeza, también hubiera muerto sacrificado, como Galán Sarmiento y tantos más.

También recordamos a Gaitán como abogado; por ejemplo por su excelente defensa al teniente Cortes o por su debate sobre la masacre de las bananeras. También lo recordamos, como político por sus “Ideas – Fuerza”, dado que en ellas radicaba su razón, su pasión, su verdad y su poder. Ya lo expreso Alfonso López Michelsen: “Las revoluciones acaban por devorarse a sus criaturas”.

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